Cuánto mejor le iría a Compostela y a sus vecinos si en vez de pisar el acelerador de las multas de tráfico vía radares recaudatorios, el Concello y sus directivos —el gobierno local— se dedicaran a gestionar proyectos en tiempo y forma para no perder alegremente recursos económicos sustanciosos como son los de los fondos Next Generation, que acumulan 1,3 millones de euros vinculados a los proyectos de renaturalización de Pontepedriña, la laguna del Auditorio de Galicia y la plataforma logística de reparto de mercancías. Ahora será el Concello, con sus propios recursos —o sea, los suyos, sufrido convecino— el que deberá cubrir el déficit por esas subvenciones europeas que no llegarán. A esta factura habría que sumar otras que venían de atrás, como las del programa Edusi (1,1 millones) y la Praza de Abastos (otros 2 millones, aunque este proyecto no llegó a llevarse a cabo, como tampoco se hará el de la laguna). Es decir, un agujero negro económico provocado por el déficit palmario y crónico de gestión que, se suponía, el actual bipartito iba a revertir. Antes al contrario, la desmedida previsión de incremento de multas de tráfico a efectos del presupuesto de este año que todavía está sin negociar y que a Goretti Sanmartín le costará muchísimo sacar adelante, tiene una lectura clara: la constatación de la incapacidad para generar recursos sin acudir a la vía fácil y punitiva de sangrar el bolsillo de los ciudadanos. Nada menos que 5,6 millones de euros, cuando el año con mayores ingresos por multas, el 2022, la recaudación fue de 3,4. Los conductores, al menos los que pasan habitualmente ante los fatídicos radares, ya saben lo que hay y no será fácil que caigan en la trampa con la frecuencia necesaria para llenar las arcas municipales en tan desorbitado importe, toda vez que los dos nuevos cinemómetros que se instalarán —aparte del fotorrojo que volverá a Concheiros— lo que harán será controlar los mismos puntos, pero en el doble sentido de circulación en O Restollal y el túnel del Hórreo. Y no vale decir que se trata de mejorar la seguridad vial, porque los conductores ya levantan el pie del acelerador puesto que, circulen en uno u otro sentido, no saben si dentro del cajetín hay o no cinemómetro en ese momento.