A Coruña ya emplea esta tecnología en su servicio de préstamo de bicicletas, pero su uso en la administración local continúa siendo un reto
04 ago 2025 . Actualizado a las 09:22 h.La inteligencia artificial (IA) es el músculo que se suele señalar para definir con satisfacción la fuerza del avance de la transformación digital en cualquier sector. Las administraciones públicas tratan de no perder de vista esa carrera vertiginosa que representa esta nueva tecnología, aunque los ayuntamientos más pequeños se queden a veces sin aire. A nivel autonómico, la Xunta anunció iniciativas para mejorar las oportunidades de inserción laboral con herramientas de inteligencia artificial, y en el ámbito provincial y local A Coruña parece situarse a la cabeza en la implantación de IA en algunos de sus servicios públicos.
«Hay una capacidad de mejora importante», resume Fernando Suárez, presidente Colexio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia. Ello se debe a «unas capacidades tecnológicas limitadas, tanto por una cuestión de presupuestos como de áreas informáticas», añade. Expertos como el ferrolano coinciden en la necesidad de que las administraciones públicas deben ser «proactivas» a la hora de implementar la tecnología para mejorar la calidad de los servicios públicos.
A día de hoy, el Concello de A Coruña está empleando un algoritmo basado en IA que permite a su servicio BiciCoruña saber en tiempo real qué bases tendrán un mayor flujo de personas usuarias durante la jornada. Así, según señalan desde María Pita, los técnicos municipales responsables del servicio pueden distribuir las bicicletas en las diferentes bases siguiendo criterios que permitan un mejor funcionamiento del sistema. Además, A Coruña desarrollará entre el 1 de octubre de 2025 y el 31 de marzo de 2029 el proyecto Allocate para aplicar inteligencia artificial verde y ética como motor de transformación urbana. La iniciativa, financiada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder), busca tener un fuerte impacto en la economía local y en el ecosistema tecnológico coruñés formando a 100 profesionales en inteligencia artificial verde y ética o aplicando algoritmos basados en IA para mejorar servicios como la gestión de residuos. También se materializa en la creación de Comunidade Local de Computación (LCC), un espacio de colaboración entre administración, empresas, universidad y ciudadanía.
Por su parte, el Ayuntamiento de Santiago llevará a cabo en los próximos tres años un proyecto de formación dirigido a la inserción laboral en sectores estratégicos. Entre ellos, el digital, atendiendo a disciplinas como la inteligencia artificial. Mientras, el proyecto para convertir Compostela en una urbe inteligente (Smartiago) se ejecutó sin que los vecinos puedan percibir sus resultados.
La Diputación coruñesa cuenta con una Estratexia Dixital, pero con un uso puntual
El impulso que necesitan los concellos para avanzar en materia digital e innovación tecnológica pasa necesariamente por las diputaciones y servicios supramunicipales. «La exigencia de mejorar los servicios públicos con tecnología e IA es la misma, pero sus capacidades no», apunta Fernando Suárez.
Así, en los últimos cinco años la Diputación de A Coruña lleva más de 16 millones de euros invertidos en su Estratexia Dixital. La entidad trabaja en colaboración con los concellos y el resto de entidades de la provincia y en coordinación con la administración autonómica, estatal y europea, especialmente en el ámbito de ciberseguridad.
Dentro de sus infraestructuras, ya se están usando técnicas de inteligencia artificial en algunos productos y procesos que usa la institución, orientados principalmente a tareas de clasificación de correo, la transcripción de videoconferencias o la asistencia a la redacción de documentos, así como en varios productos de ciberseguridad en colaboración con el Nodo Galego de Ciberseguridade (Ciber.gal). Además, se está preparando una nueva estrategia para su aplicación en aquellos procesos donde aporte más valor. Se publicará a lo largo del 2026 como parte de la actualización de su Estratexia de Avance Dixital.
Concepción Campos: «No hay servicio que no pueda usarla»
Doctora en Derecho, secretaria de Administración Local y codirectora de la Cátedra de Buen Gobierno Local (UVigo), Concepción Campos colabora con entidades del sector público y del privado en los procesos de transformación digital y de implantación de una inteligencia artificial (IA) ética y confiable. Es autora de Kit básico para la implantación de la IA en el sector público.
—¿En qué estado se encuentra actualmente la aplicación de la inteligencia artificial en el sector público?
—Hay muchas asimetrías porque hay entidades que tienen ya un amplio desarrollo y que llevan tiempo trabajando en ello. Para la IA lo que hace falta es gestionar datos, entonces aquellas entidades que han gestionado datos lo están haciendo muy bien. Y luego están aquellas [administraciones públicas] que venden humo. A veces hay comercializadores poco éticos que les venden tecnología a los concellos pequeños, fundamentalmente, que no tienen técnicos ni personal con conocimiento suficiente para saber realmente si lo que les ofrecen es lo que dicen que es, si pueden hacer lo que les dicen que va a hacer y si va a tener los efectos que va a tener. El proceso de transformación digital, que sería la base de la utilización de la IA en el sector público, empezó hace muchos años pero sigue muy inconcluso. De hecho es uno de los ejes del Plan de Recuperación. Esto si lo multiplicas por el tamaño del concello, mayores posibilidades habrá. Pero insisto, los concellos más pequeños claramente tendrán más dificultades, por ello necesitarían a las diputaciones. Lo que toca es sembrar, hacerse las preguntas correctas y empezar con un piloto.
—¿Y cómo podrían aplicarla correctamente?
—Existe un reglamento europeo de inteligencia artificial que se aplica de forma directa en España, Francia, Italia y en Galicia. En Galicia, además, somos una comunidad pionera al tener una ley propia de administración de inteligencia artificial. Pero, al margen de ello, hay una serie de obligaciones que vienen establecidas en el reglamento. La primera es la de alfabetización, es decir, educar. Porque sino estaríamos asumiendo una serie de riesgos, como la vulneración de datos personales.
—¿A qué riesgos se refiere?
—Al final todas las administraciones públicas manejan datos de personas vulnerables, en situación de riesgo de exclusión social, datos sanitarios, datos de justicia... Es ahí donde la alfabetización sirve para evitar que se dé información incorrecta. De hecho, es obligatoria la supervisión humana. La IA se está usando, aunque un ayuntamiento formalmente no tenga una estrategia, pero sí las diputaciones y aquellos ayuntamientos más desarrollados. Uno de los ejemplos más prácticos son las subvenciones, pues la IA te permite realizar una minería de datos y te hace comprobación automatizada.
—Agilizar la burocracia, a lo que queríamos llegar.
—Hay una dimensión interna y una dimensión externa. Se puede aplicar a la gestión de todos los servicios que se prestan a la ciudadanía, como la gestión de residuos o la gestión del agua y, sobre todo, la gestión del tráfico, que va a estar basada en datos y que ya se usa en Madrid. O también la planificación de la actividad de la policía local o los patrones para los incendios, por ejemplo. No hay servicio y no hay área de gestión en la que no se pueda aplicar la IA, de forma más o menos avanzada.
—Pero también tendrá sus sesgos.
—Hay un montón de estudios a nivel internacional, tanto de la OCDE como de la ONU, que demuestran la importancia de que se trabaje mucho el tema de los algoritmos, para evitar sesgos de raza o de género. Nosotras, como mujeres, tenemos ese grave riesgo porque la inteligencia artificial aprende a partir de patrones elaborados en su mayoría por hombres, y porque en la mayor parte de la información de la que bebe la figura predominante es el hombre. Entonces, hay que introducir sesgos en femenino. Necesitamos algoritmos feministas para que, al final, no perdamos los derechos que tenemos en el mundo real. En ética, el modelo europeo es totalmente diferente del de Estados Unidos y o del modelo chino.