«Más que los dientes, me devolvieron la dignidad»

Sonia Portela SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

El odontólogo Manuel Gelabert cede el testigo del sillón solidario a Juan Suárez Quintanilla
El odontólogo Manuel Gelabert cede el testigo del sillón solidario a Juan Suárez Quintanilla Cedida

Es el testimonio de una paciente que el doctor Manuel Gelabert atendió en el sillón solidario que él creó en Cáritas hace diez años. Este verano da el relevo al odontólogo Juan Suárez Quintanilla

30 jul 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Van allá diez años desde que el odontólogo Manuel Gelabert González puso en marcha el sillón solidario en Cáritas. Por el gabinete dental, que se instaló en dependencias de la institución en la calle Carreira do Conde, pasaron alrededor de ochocientos pacientes. Entre los usuarios recientes figura Margarita López, una mujer cubana de 64 años que tenía la boca en «muy malas condiciones: El doctor Gelabert y sus ayudantes me la revisaron a fondo y vieron lo que se podía salvar. Fui varias veces a consulta y me quedé muy contenta. Casi no me atrevía a conversar con nadie, tenía mucha vergüenza por el deterioro de mi dentadura. Lo cierto es que llegué en un estado terrible, así que me devolvieron la vida. Yo era maestra y, por tanto, me gusta hablar y compartir. Más que los dientes, me devolvieron la dignidad. Además, fue asombroso, porque le tenía pánico a ir al dentista y, con él, perdí el miedo. Tiene un don el doctor». El tono agradecido de este testimonio ha sido una constante a lo largo de estos años. Por su parte, la hermana Marifé Rodríguez declara su «admiración profunda por la forma de trabajar y la calidad humana» del doctor Gelabert. «Siempre lo vi con buena cara, alegre, feliz y simpático. La gente entraba asustada y salía contenta, con una sonrisa, muy agradecida por el trato y la atención profesional recibida. Gelabert es un tipo con corazón evangélico, aunque él no lo diga; porque a mí me lo demostró. Era extraordinariamente eficaz y bueno. Lo queremos y agradecemos muchísimo su exquisito servicio», subraya esta monja de 82 años que se ocupaba de ayudar en la gestión y recepción de las personas que acudían al Sillón. Al principio se atendía a la gente del entorno de Santiago, pero pronto empezaron a llegar de otras localidades gallegas. Algunos venían «exigiendo implantes», pero el doctor, sin enfadarse ni levantar la voz, les decía que eso no se daba aquí, tal como añade la sierva de San José. En la puesta en marcha del Sillón, el doctor Gelabert tuvo un aliado imprescindible en la persona de José Antonio Beiroa, por aquel entonces director de Cáritas Interparroquial. «Cando Manolo me falou do asunto e vin a súa disposición, brindando a súa profesionalidade, o seu tempo e outros recursos —todo un derroche de xenerosidade—, non puiden máis que poñerme ao seu carón e mans á obra: buscar local, conseguir licenzas, acondicionar os espazos, procurar o equipamento (moito viña da súa clínica, mesmo o sillón), a decoración final... El é moi coidadoso. Buscamos patrocinadores e colaboradores, e demos charlas en centros de formación sanitaria e outros. De tal forma que en poucos meses estaba funcionando unha clínica para os máis pobres que non envexaba a moitas», rememora Beiroa. Fue así cómo en 2015, los entonces arzobispo Julián Barrio y director de Cáritas Diocesana, Anuncio Mouriño, inauguraron el venturoso y singular proyecto, que tiene al hospital HM La Rosaleda y el laboratorio protésico Elidente entre sus destacados colaboradores. Con Gelabert habían iniciado esta andadura solidaria las odontólogas Covadonga Muruais y Olga Loroño, además de varias auxiliares que fueron cambiando con el tiempo. La última especialista en compartir con él la tarea asistencial fue Carmen Menéndez. Ahora, Manuel Gelabert, que hace cinco años le dijo a La Voz de Galicia que quiso «devolver a la sociedad algo de lo bien que le había ido» en su trayectoria profesional, cede el testigo a otro voluntario, el odontólogo Juan Suárez Quintanilla.