Solidaridad

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

Esta es la edición local de un periódico que abarca toda Galicia, así que estas líneas deben tratar temas locales. Con excepciones, porque hay algunos asuntos generales que afectan a Compostela y a su comarca. Y un periódico líder debe ser capaz de detenerse y explicar a sus lectores las causas y/o consecuencias de medidas de ámbito nacional o internacional. Se llama profesionalidad y se llama ética.

No ha habido pedagogía política para explicar que la inflación es no solo necesaria, sino imprescindible. Pero el coste de la vida, los precios, van a incrementarse más de lo esperado. Y eso procede explicarlo. Porque todo el mundo sabe que Rusia está masacrando a Ucrania y a sus habitantes. Todo el mundo de Oroso a Arzúa se solidariza y condena la bárbara agresión, y en Vedra aplauden porque Inditex ha abandonado Rusia, y en Melide aplauden porque Ikea ha abandonado Rusia, y en O Pino aplauden porque McDonald’s ha abandonado Rusia.

Lo que parece que los compostelanos —en el más amplio sentido del término— no comprenden es que esas medidas de solidaridad obligan a apretarse el cinturón. Por supuesto que el gas va a ser más caro. Por supuesto que todo lo que contenga cereales va a ser más caro (Ucrania es un gran productor). Por supuesto que los viajes en avión van a ser más caros (no se puede sobrevolar espacio aéreo ruso).

Y la culpa no es de Sánchez, de Feijoo o de Díaz. La culpa es de Putin. Claro que también podemos enviarle una delegación de todos los concellos de la comarca para darle palmaditas en la espalda y no boicotear a Rusia. Entonces los precios no subirán tanto como van a subir.

La solidaridad tiene un precio; las vidas humanas, no. En Compostela y en Ucrania.