Couselo

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

07 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Los sociólogos hablan de «la búsqueda de la mejor imagen» cuando una persona fallece. Es ese «qué bueniño era» refiriéndose a un difunto que, como todos, habrá tenido luces y sombras. Como seguro que tuvo José Martínez Couselo, el periodista fallecido hace diez días.

He esperado a que pasaran unas cuantas noches para escribir precisamente con el fin de objetivar lo más posible el retrato de un hombre que entre sus virtudes estaba la de ser coherente con lo que decía, gustara o no a su interlocutor. La agencia Europa Press le colgaba el calificativo de polifacético, y desde luego parece adecuado a una persona que tocó muchos palos, jefatura de prensa de la Universidad incluida.

No he tenido mucho trato con Couselo en estos años, meramente circunstancial, y desde hace dos decenas, ninguno. Así que los recuerdos se van más atrás, cuando le pedí un favor -era entonces director de Informativos de la TVG- y me recibió en su despacho y, como estaba en sus manos y legal era, allí me lo brindó.

Dicen que cumpliendo decenios la memoria se va diluyendo. Quizás sea que al firmante no le ha llegado aún ese momento de ocaso, todo se andará, quizás. De manera que la memoria permite reactivar la gratitud. Porque una de las cosas positivas de esa superestructura ideológica que denominamos humanismo cristiano (sea uno católico de misa diaria, seguidor de Lutero o ateo sin remisión) es que ha potenciado el sentimiento de gratitud. Quedó hasta en el refranero: «Es de bien nacidos ser agradecidos».

Pasando de los 80 de algo hay que morir, cierto. Pero eso no quiere decir que la ciudad no deba dejar constancia de aquellos personajes que la han hecho más grande. Couselo entre ellos.