Desproporción


Hay un factor perverso tras las ofensivas sancionadoras de tráfico, que el gobierno de Santiago ya ni siquiera trata de disimular: su función recaudatoria. Esto consolida un calificativo ante los excesos de cualquier administración, en este caso el Concello: desproporción. Los dos multamóviles que Raxoi quiere arrancar en breve, tal vez ya en junio, tienen la función de tapar el agujero económico que deja la grúa municipalizada por Compostela Aberta: 800.000 euros el año pasado. Un «¿servicio?» malamente rescatado por un gobierno que se cegó con lo que tuvo en bandeja para justificar uno de sus pilares electorales: el de municipalizar servicios. Una presa fácil torpemente ejecutada por motivos exclusivamente políticos. Pero volvamos a los multamóviles, hoy. ¿Son necesarios? ¿Hay un grave problema de doble fila o de invasión de espacios de carga y descarga que los justifiquen? A vuelapluma, salvo en Santiago de Chile o puntualmente en alguna otra calle del Ensanche, no. ¿Hay un grave problema de incumplimiento en zonas azules de ORA? No, los usuarios pagan, como se demuestra recaudación en mano. ¿Hay un desbarajuste con las zonas reservadas a residentes? No lo creo; si acaso, de infrautilización flagrante y discriminatoria en amplias franjas horarias. Tanta tecnología, en vez de usarse para leer las matrículas del derecho, del revés y en ángulo, en línea o en batería, para llevar a cabo una caza implacable, debiera utilizarse para una gestión eficiente, sostenible y justa de la vía pública, que no es de nadie sino de todos. Y luego, sí, sancionar a quien incumpla. Pero lo prioritario es recaudar. Hasta que la desproporción, la injusticia, sea tal que haya que repensarlo. Como ese radar de Conxo.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Desproporción