Segundo Pérez


En este Santiago cada día más laico, pero que sigue viviendo a la sombra de la catedral, como pasa desde la Edad Media, el relevo del deán no es asunto menor aunque al ciudadano le traiga sin cuidado: cosas de la Iglesia. Pero de cómo lo haya hecho el que se va y de cómo lo vaya a hacer el que llega dependen en buena medida aspectos como que la hostelería local -y de toda la comarca- vuelva a levantar cabeza o no. Y eso no es baladí.

En favor del que se va, Segundo Pérez, hay que decir que, para empezar, cogió el testigo en un momento muy difícil: el Códice Calixtino había sido robado y luego recuperado, y el suceso se llevó por delante a su antecesor en el cargo. Además, ello hizo que quedaran a la vista algunas miserias de la catedral en unos momentos en que estábamos en plena travesía del desierto, entre un 2010 que fue todo menos un éxito y un 2021 que no se atisbaba.

Segundo Pérez supo rodearse de profesionales, algo que honra su inteligencia. Y renovó la atención a los peregrinos con una implicación mucho mayor de la catedral, además de impulsar el voluntariado y crear la Acogida Cristiana en el Camino. También, claro, su gestión arroja alguna sombra, como el reconocer la peregrinación desde A Coruña a petición (y delante) de los infaustos alcaldes de las Mareas sin que la Xunta se enterase más que a toro pasado.

El exdeán se queda al frente de la Oficina del Peregrino. Su gran humanidad y su innegable conocimiento de las peregrinaciones hacen que esa permanencia sea una buena noticia. Su bonhomía, unida a su cultura, es la razón por la que tal noticia ha sido recibida con alegría y alivio en las asociaciones de amigos del Camino. Sí, el listón lo deja alto.

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