¡Más magia!


Necesitamos magia. Pero no la mala magia que emplean algunos para asegurar que con hojas de eucalipto cocidas con ojos de sapo ya se cura el coronavirus, ni la de quienes niegan el covid, incluidos algunos médicos que deshonrando su profesión parecen creer que la gente se muere de mentira. Una doctora, por cierto, con base en Pontevedra.

Necesitamos magia y necesitamos magos. Necesitamos ilusionarnos, creer, asombrarnos y aplaudir como cuando hace unos días ese crack del gremio que es Martín Camiña dejaba atónito a todo aquel que acudió a Sigüeiro a ver su magia. Porque cuando un mago como él pone cara de creer que de verdad sale de sus entrañas la carta marcada que antes había elegido una joven espectadora, la sonrisa y el aplauso son inevitables, y el mundo es un poquito mejor.

Necesitamos magos, esa especie casi a extinguir. Tenemos en Galicia una quincena tan solo y deben ser individuos protegidos. Habría que contratarlos para que circularan sin parar por todo el país con el fin de que durante un rato los niños y los no tan niños piensen, pensemos, que si hay alegría, hay esperanza. Es el poder curativo de la magia.

Los magos luchan siempre contra corriente. Ninguno de los gallegos va en Porsche por la vida, y cada número que presentan conlleva cientos de horas de esfuerzo y de práctica. No se trata, desde luego, de hacerlos funcionarios (¡No, por favor, ya tenemos demasiados!), pero sí de contratarlos para que con su arte vayan diciendo a todos, de Ribadeo a Tui, que de esta salimos seguro, y que si salimos con la magia, mucho mejor. Porque si hay dinero para mil profesores de refuerzo, ¿cómo no va a haber unas migajas para pagar a una quincena de magos?

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