Coraje


Cinco meses después, no podemos hacer balance, ni mucho menos, porque el ataque del covid-19 no ha concluido y cada rebrote nos quita el aliento haciéndonos temer lo peor, como si a nuestro alrededor se fuese estrechando más y más un círculo amenazante para retrotraernos a las semanas más duras del confinamiento. Pero sí ha pasado el tiempo suficiente para valorar las luchas individuales y colectivas contra la pandemia, y sus triunfos, que abundan y nos hacen admirar la ejemplar fortaleza y el tesón de personas y familias enteras que por primera vez se han visto en la desesperada necesidad de ponerse a la cola de un comedor social, de encomendar su supervivencia alimenticia a un bono municipal de cincuenta euros o de llamar a la puerta de oenegés que han tenido que multiplicar sus impagables prestaciones asistenciales. El coraje, también, de tantos empresarios y autónomos para mantener en pie su medio de vida y el de sus empleados. En muchos casos, ojalá sean la inmensa mayoría, ese estado de necesidad se ha aliviado, aunque ahora pesa la angustia de la incertidumbre. Sigue la lucha para salir adelante, y las Administraciones están obligadas a acompañarla hasta que todos los ciudadanos podamos cantar victoria. Eso no ocurrirá hasta que exista un antídoto para la enfermedad y hasta que la economía se haya recuperado. Habrá pasado la etapa de la precariedad extrema, pero miles de compostelanos han perdido sus trabajos o se les van los días esperando que los rescaten del ERTE. Es la hora de que los gobiernos central y autonómico extiendan sus colchones sociales en toda la amplitud, y los concellos no pueden replegar su labor de acompañamiento en la proximidad.

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