Libros


En la cama, en el sofá, incluso en el baño, cuando vamos en el autobús, en el tren, mientras esperamos por el avión, en la sala de espera de la consulta médica, en la playa, en la piscina, en el parque, a la sombra de un buen carballo, en la peluquería... No les importa el lugar, siempre están dispuestos a acompañarnos. Son los libros, que estos días, además, se están convirtiendo en uno de los mejores antídotos para superar estos momentos de confinamiento porque a ellos les da igual que estemos alegres o tristes. Los libros siempre están dispuestos a ayudarnos, a hacernos volar, a transportarnos a otros lugares y épocas, a hacernos pensar, a despertar la mejor de nuestras sonrisas, a emocionarnos hasta que nos saltan las lágrimas, a enseñarnos otras realidades, a explicarnos muchos porqués o a ayudarnos a comprender cómo puede ser nuestro futuro. Están ahí, sin dar gritos, sin reprocharnos que durante meses o incluso años los tuviésemos aparcados porque no fuimos capaces de parar nuestro ritmo frenético de vida. No nos piden explicaciones y acuden raudos a nuestro rescate en estos momentos difíciles para ayudarnos a olvidar un poco a este virus con corona. Ayer era su día y ellos también padecieron el confinamiento. No pudieron salir de celebración porque las librerías tienen cerradas sus puertas. Solo algunos ejemplares en entregas a domicilio o por la red. Tampoco corrieron mejor suerte los de las bibliotecas. Pero los libros tienen paciencia y estarán esperándonos cuando este virus nos vuelva a dejar entrar en librerías y bibliotecas. No nos olvidemos entonces de ellos y vayamos a rescatarlos. Nos necesitamos: nosotros a los libros y los libros a nosotros.

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