Aprendizajes


El confinamiento supone numerosos aprendizajes. Para el colectivo de docentes, la enseñanza a distancia les obliga a enfrentar retos nuevos, algunos complejos y difíciles. Como el intentar llegar a alumnado que continúa sin ordenador ni forma de contacto. En Santiago, más de un centro esperaba ayer con ansiedad una nueva remesa de material informático para buscar soluciones a esas situaciones; alguno incluso investigaba, en servicios sociales y otras instancias, para distribuir lo mejor posible esos medios. Persisten incógnitas sobre la finalización de este curso, las perspectivas del próximo o la posible apertura de centros en verano. Las «orientacións provisionais» difundidas no resuelven todas las dudas. Así se evidencia en reacciones que trascienden desde el profesorado, equipos directivos, sindicatos, y otras. Incluso de las familias, como recoge un documento de la Confederación de Anpas Galegas, que plantea quince cuestiones muy relevantes, y ayer agregaban a mayores la necesidad de dar continuidad a los libros de texto. Los centros convocan y celebran reuniones de comisiones pedagógicas, o de claustros, con el mayor interés y la mejor voluntad. La evaluación final preocupa mucho. ¿Atenderán presencialmente a alumnado de segundo de bachillerato antes de la selectividad? ¿Y a otros grupos? En ese caso, valoran que sus instalaciones en numerosos casos precisan desinfectarse antes de retomar la actividad; se preguntan cómo mantener las distancias, o cómo garantizar protección adecuada si reabren las aulas. Son profesionales del aprendizaje y las circunstancias les obligan a demostrarlo. Lo están haciendo.

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