Hasta que vuelva a las urnas autonómicas en abril, el sufrido ciudadano deberá leer gran parte de la actualidad en clave electoral, es lo que toca en estas campañas que son eternas por la concatenación de citas con el voto. Ya sean las movilizaciones de todo signo y condición (legítimas, por supuesto, pero en busca de sacar el mejor provecho del momento político); ya la difusión de logros de gobierno, pura propaganda disfrazada de iniciativas administrativas. Y, por supuesto, los rifirrafes dialécticos, que con frecuencia devalúan asuntos que debieran ser motivo de colaboración y consenso entre las administraciones, a salvo del fragor de la contienda. Es cuestión de medir las palabras, cosa que candidatos y acompañantes suelen olvidar en su pugna por el voto. Así se entiende que el nuevo líder del PP en Santiago, Borja Verea, sacara a colación que el «verdadero alcalde de Santiago» es Núñez Feijoo, título que el presidente de la gestora popular le atribuye por méritos propios, que no por herencia de Manuel Fraga, que fue quien estrenó tal linaje en aquellos tiempos en los que la cooperación de Concello, Xunta y Gobierno central hizo prosperar como nunca a Compostela. Nadie ponía en duda, ni los dos alcaldes socialistas, la entrega de Fraga a la capital. Bugallo, ahora, replicando a Verea, sí cuestiona que esta ciudad sea una prioridad para Feijoo, echándole en cara un insuficiente compromiso con el Consorcio, la Capitalidad o el aeropuerto... Mucho mejor nos iría si la política, en vez de un espacio para el reproche y la polémica, lo fuese para la constructiva cooperación en los grandes objetivos, también en tiempo de elecciones.