La borrasca

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

SANTIAGO

13 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La vida es como un gran ascensor. Uno de esos con hilo musical que hay en los grandes rascacielos de las películas de Hollywood. De esos en los que hay tiempo para casi todo. Ya sea para algo intrépido como un intento de asesinato con huida espectacular por el techo o para algo mucho más anodino como es hablar del tiempo. Hablamos mucho del tiempo. Y en este rinconcito del mundo, creo que aún más. Porque los humanos tendemos a regodearnos en lo malo y, no nos engañemos, el tiempo aquí, al menos este año, no es bueno. Tras un mes de lluvia constante en Santiago hubo una pequeña tregua. Hizo mucho frío, pero al menos no diluviaba. Duró poco y ahora nos dicen los hombres y mujeres del tiempo, que cada vez disfrutan de más minutos y protagonismo en los telediarios, que lo que se nos viene encima en Galicia es un tren de borrascas. La expresión mete miedo. Parece que la lluvia fuera a atropellarnos. Odio hablar del tiempo y me odio a mí mismo por haberme convertido una vez más en mi padre -a él le encanta este tema de conversación- y estar preocupado por algo a lo que solo un par de años antes no hubiera dado la menor importancia. Creo que el tiempo nos importa más a medida que nos hacemos mayores. Porque los años nos hacen más vulnerables y cuestiones antes triviales como el frío, el viento o la lluvia se transforman en peligros auténticos para nuestras vidas en forma de accidentes o enfermedades que antaño no nos infundían temor alguno como la gripe. La madurez -que no vejez- sí que es una borrasca. Una que hace añorar el eterno verano que fue la juventud y que ahora nos habría gustado aprovechar más.