Diciembre es, entre otras muchas cosas, el mes de la tradición, de los días ñoños, del examen de conciencia, del olvido de los pecados y, sobre todo, el mes ideal para dejar la penitencia para enero. Por aquello de ir a contracorriente, no estaría mal darle la vuelta a la tortilla para soñar con un diciembre de revolución y pensar en un mundo a la inversa, que no al revés. No hace falta tirar mucho de imaginación porque hay cosas que ya están inventadas y solamente se trata de verlas desde otro prisma y experimentar con el resultado.
Como ejemplo valdrían las fiestas de comadres del carnaval, un día en el que a las mujeres se nos concede la venia de tomar las calles en tropel para algo tan simple como divertirnos como durante siglos hicieron solo ellos, y hoy siguen haciendo en buena parte del mundo.
Que la calle no te pertenece es lo que debió sentir el bocachancla machirulo que soltó la perla «para casa a hacer la cena», cuestionando la adaptación compostelana a la performance chilena «El violador eres tú».
Y si se aplicase este punto de vista, cada vez que una mujer maltratada tiene que vivir aterrada y le asignan acompañamiento policial no estaría de más que la protección fuese a la inversa, que no al revés, vigilarlo solo a él para lanzar un mensaje que debe correr como la pólvora más allá del anonimato del hogar: El maltratador eres tú y todo el mundo lo sabe...
Se podría intentar aunque solo fuese en diciembre, para que este mes de falsete y consumismo sea en algunos hogares tiempo de buenos deseos y tranquilos sueños.