Se acabó el consorcio


Los alumnos de Medicina han dicho hasta aquí. Y la verdad, han tardado. Pasé por las aulas de la facultad hace ya veinte años. Por las de Periodismo, ubicadas en el viejo edificio de Mazarelos. Y mientras mis compañeros de titulación compadreaban con los profesores, exigían mejoras o se quejaban de sonadas ausencias a clases, mis amigas, alumnas de Medicina, aguantaban en silencio actitudes propias de otras décadas. Lágrimas al salir de los despachos, desplantes... La filosofía era aguantar, algo así como el servicio militar. Recuerdo acompañarlas a ver un examen al despacho de un profesor. Esperé fuera mientras el docente impartía frases magistrales por doquier. De repente, al escuchar ruido fuera, exclamó: «¡qué entre el consorcio!». Yo, alumna de Periodismo, me reí. ¡A mí me iba a decir un profesor de Medicina lo que tenía que hacer, con todos los respetos!

Además de las reivindicaciones docentes y de organización, lo que más empatía me produce de esta movilización estudiantil es la protesta por el elitismo que destila el centro, por los comentarios de superioridad hacia otros profesionales sanitarios o por los comentarios humillantes hacia los alumnos.

Estos jóvenes se sentarán delante de sus pacientes en unos años. No hay sentimiento más vulnerable que el que produce la falta de salud, y los enfermos no quieren enfrente a profesionales mecánicos que los miren con condescendencia o superioridad. Quieren a buenos profesionales, y los facultativos gallegos lo son sin duda, pero también quieren esa empatía que parece que tendrán los futuros médicos.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Se acabó el consorcio