Ganan poco. Aquellos ciudadanos que de manera ocasional o profesional y constante ejercen la política cobran muy poco. Pero la demagogia es aún más barata, y si el abogado con un buen bufete ve reducido sus ingresos a la mitad o a la tercera parte se convierte en motivo de escándalo porque la diputación o el Parlamento le pagan 60.000 brutos al año. Hay dos argumentos demagógicos más. Uno es que el político mira las musarañas. Seguro que alguno sí. Como algún minero, algún médico y algún periodista. Pero en general los mineros, los médicos y los periodistas vaya si trabajan. Y los políticos también.
El segundo es más directo: todos los políticos roban. Directo… y rotundamente falso. Una minoría roba. Y algunos, mucho. Y una gran parte de esos algunos está entre rejas o lo estará. Abunda quien entra en política por otras razones. Aunque pierda montones de dinero. Unos porque les gusta figurar. Otros -en mi opinión, la mayoría- porque quieren mejorar la vida de sus vecinos y creen que desarrollando sus ideas la mejora llegará.
Los políticos tendrían que cobrar más, mucho más. Y el que ya tenga gran patrimonio sabe lo que le espera: unos impuestos progresivos como Dios manda, no como en este país. O sea, como en Suecia, por ejemplo. Y si no cobran más, no se puede esperar que muchos miles de españoles se animen a meterse en la política porque resulta que tienen dos hijos, una hipoteca, están pagando el coche con un crédito y cobran netos casi dos mil euros porque son profesores, y si salen concejales pasan a 1.300.
¡Ah, se me olvidaba! Los buenos políticos, los que intentan que todo esto funcione, están disponibles 24 horas al día durante 365 días al año.