Gracias, Eric


Está más que demostrado que el ser humano, y en ocasiones la misma persona, es capaz de lo mejor y lo peor. A esta dualidad nos enfrentamos cada jornada cuando toca salir de la madriguera y regresar a casa feliz, o simplemente sin heridas. En oficios como el de escribir historias te puede pasar que un día de finales de julio amanezcas con el encargo de escribir o fotografiar los fuegos del Apóstol y contar si son más espectaculares que los del año anterior y acabes en la curva de Angrois con marcas para toda la vida, recordando la de veces que cogiste ese tren o que recogiste a alguien de los tuyos.

También hay días en los que los hados son propicios, se hace el milagro y te encuentras con historias que da gusto contar porque quien las protagoniza quiere gritar a los cuatro vientos una vivencia que demuestra muchas cosas. Por ejemplo, que la valentía no tiene edad y que en este mundo loco y demasiadas veces perverso hay gente muy cuerda que quiere abrirse camino siendo fiel a uno mismo.

Eric Gómez, el joven de 16 años de Milladoiro que gritó a los cuatro vientos que es trans, que quiere estudiar diseño y que «fuera del armario se vive mucho mejor que dentro», es una de esas personas que en plena adolescencia está cambiando el mundo. Acostumbrados como estamos que las noticias más leídas rezumen desgracia, morbo, excentricidad o todo esto a la vez, que Marisa, la madre de Eric, se diese cuenta al verse en La Voz de que su hijo mayor es tan «cuspidiño» a ella como una gota de agua, y no solo por su sonrisa, es otro regalo de esta historia. Porque muchas veces lo que no vemos es lo que más importa.

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Gracias, Eric