El hombre que aupó el Don Juan coge ahora las riendas de El Corzo

El local reabre sus puertas hoy, dirigido a un público adulto


Lleva en el mundo de la hostelería desde hace 50 años. Muchos quizás no le pongan cara, pero quien más y quien menos habrá pisado algún local regentado por Ricardo Vázquez Vigo. Este compostelano, de 64 años, estuvo al frente del Don Juan la friolera de 44 años, durante su época dorada. Vio cómo aquel local empezó a triunfar entre los modernos cuando los cigarros aún formaban parte del cortejo en salas con pisos enmoquetados y que, más tarde, pasaría a ser el último reducto de ligoteo entre veteranos de almas jóvenes. También tuvo el único bar hawaiano de la ciudad, aquel Tai-Tai que puso un toque tropical a la rúa Santiago de Chile; el Donas del Ensanche; el Sarela, en la carretera de Santiago a Noia... Y ahora Ricardo coge las riendas de un nuevo negocio. Otro clásico de la noche capitalina. El Corzo. Un lugar que tuvo sus años de apogeo, como los pantalones de campana, y que pasó al fondo del armario, hasta que se volvió a poner de moda lo kitsch, con ese característico papel pintado, sus cuadros de marco dorado y su moqueta a flores. Ricardo ha hecho algunos cambios al local que en los 90 estuvo en manos de Suso Oitavén (fundador del primer pub de Compostela, El Búho) para su reapertura, tras permanecer cerca de un mes y medio cerrado: «La decoración sigue en la misma línea. Se ha cambiado la moqueta por otra, el antiguo papel pintado se mantiene en alguna zona y hay más luz». Las modificaciones afectarán, además, a la música, «adaptada a los tiempo actuales». ¿A qué tipo público espera al otro lado de la barra? «A gente adulta, de entre 20 y 60 años», indica el empresario, quien considera que «faltaba un sitio en Santiago para la gente de más edad» una vez finado el Don Juan, aunque no irá exclusivamente dirigido a este sector. En principio, El Corzo sale con todo y abrirá a diario (de 23.30 a 4.30 horas), algo que en su día se pidió a través de Change.org, aunque sin demasiados apoyos.

Velloso

Para quienes hayan dejado atrás el mundo de la noche y prefieran ahora embriagarse con el alcohol del barniz de un lienzo, tienen a su disposición una cata de 26 pinturas recién llegadas a la ciudad, salidas de la bodega de Raúl Velloso. Arcis Marmoricis no es una colección más inspirada en el patrimonio y personajes del folklore gallego. El pintor cangués al que apadrinó Antoni Tàpies muestra en el Hotel Araguaney una Catedral de formas curvilíneas, un gaiteiro que recuerda a los de Sargadelos, entre otras imágenes reconocibles bajo una mirada distinta. Iglesias, pazos, faros... «Quiero transmitir una sensación de ilusión y movimiento utilizando el color», explica el polifacético artista, quien entre otros proyectos puso en marcha una línea de calzado junto a la diseñadora Sara Navarro

Esculpiendo a ciegas

Un grupo de alumnos de la escuela de arte Mestre Mateo se prestó a explorar ayer nuevas fronteras. El reto lo lanzó el profesor Óscar Aldonza, en colaboración con voluntarios de la ONCE. Consistía en que los videntes realizasen un autorretrato en arcilla con los ojos vendados, escuchando a su interior, los olores, el tacto... Y, los invidentes, uno suyo fiándose fundamentalmente de los ojos de un estudiante de Técnicas Escultóricas. Detrás de este experimento, lo que se pretendía era «cuestionar a tiranía da mirada como factor determinante dentro da plástica», señaló Aldonza. El taller se completará con la ayuda de la escritora Alicia López, quien dirigirá una sesión para plasmar lo que vivieron y sintieron esculpiendo a ciegas.

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Voluntarios de la ONCE colaboran en un proyecto artístico en la escuela de artes Mestre Mateo

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