Pasado el 28A y aun teniendo en cuenta que restan kilómetros y kilómetros de tela poselectoral que cortar para la gobernabilidad de España, ya estamos centrados en las locales del 26M. Un tanto saturada la ciudadanía con el bombardeo electoral intensivo, al manos ahora podremos poner la lupa y amplificar lo más cercano. Y aunque en la distancia corta no se vota igual, claro que no, y cobran relevancia los rostros de los primeros espadas y las propuestas dirigidas a cada calle, a cada colectivo, en el punto de arranque de las municipales, el 28A marca algunas tendencias a tener en cuenta. Nadie, ni los partidos más favorecidos (en este caso, el PSOE) puede creer en una extrapolación literal de resultados de las generales a las locales. Endosando a Compostela Aberta los balances de Podemos y En Marea, ¿va a caer Martiño Noriega a 4 concejales? Muy probablemente, su retroceso -que lo tendrá- no será tan drástico. ¿El factor Bugallo, con el entorno favorable del efecto Pedro Sánchez, elevará al PSOE hasta 9 concejales? Bugallo podría firmarlo ahora mismo, pero no parece fácil que pueda alcanzar ese listón que sin duda le daría la alcaldía. ¿El declive general del PP y la fragmentación del voto en la derecha, propiciarán un hundimiento histórico de los populares con Agustín Hernández hasta 7 concejales? También será difícil porque su suelo en Santiago es muy alto. En un BNG al alza, ¿se quedará corta la extrapolación de los mismos dos ediles o con Goretti despegará hacia los tres? Y los Ciudadanos de María Vilas pueden entrar en Raxoi, sí, ¿pero con 3? Y Vox, ¿realmente descartado por debajo del 5 %? Las respuestas están en su voto, sufrido elector.