Tiempos


Hubo un momento en la historia en el que el mayor escándalo mundial fue un vestido. Monica Lewinsky y Bill Clinton concentraron a millones de personas frente al televisor en un terremoto político que llegó a un impeachment al presidente de los Estados Unidos. Hubo un tiempo en el que el mayor loco de las armas era un actor rancio que triunfó en Hollywood dando vida a personajes bíblicos. Hubo épocas en las que lo más ofensivo que se oía hacia la comunidad homosexual era que una pera y una manzana nunca pueden ser dos manzanas.

El vestido sería ahora una anécdota al lado de un presidente déspota y bravucón, racista y misógino, malencarado y simple, que construye muros y ha olvidado la diplomacia, esa ciencia que, amigos de la verdad sin dulcificar, ha evitado guerras. El rifle alzado de Charlton Heston sería una escena cinematográfica al lado de líderes políticos que en España abogan por legalizar el uso de armas para defensa personal. ¿Quién necesita llevar una pistola para salir a la calle? ¿Cuándo, señor Abascal, se vio en una situación de miedo extremo en la que necesitase sacar un arma porque su vida estaba en peligro? Quizás para conocer ese pánico deba preguntar a las miles de mujeres anuladas, bloquedas y aterrorizadas por parejas y exparejas a las que quiere quitar una ley que quiere protegelas, aunque no lo consiga. Y las peras y las manzanas no serían más que una simple macedonia frente al candidato historiador que niega el nazismo e insiste en que un gay con terapia necesita terapia.

Tiempos veremos. Mejores, esperemos. Estos, de momento, que vayan pasando.

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