Ecodesarrollo Gaia, un cuarto de siglo de labor solidaria con los senegaleses

Decenas de voluntarios colaboran en proyectos educativos y sanitarios de la oenegé


ortigueira / la voz

La oenegé Ecodesarrollo Gaia nació en A Coruña hace un cuarto de siglo. «Nos preocupaba el efecto de la pesca industrial en las fachadas marítimas africanas... De un momento a otro nos encontramos a inmigrantes vendiendo en las calles coruñesas, eran antiguos pescadores. Como resultado [de su labor formativa y de integración social], convertimos a 151 personas [la mayoría, senegaleses] en pescadores europeos, que trabajan en Galicia, País Vasco o Groenlandia», explica Guillermo Fernández-Obanza, Mito, coordinador de la oenegé y uno de sus fundadores.

Desde entonces, decenas de voluntarios han colaborado en los proyectos de la oenegé, que desde hace 16 años también opera en Senegal. «Allí hallamos a mujeres pobres que se dedicaban a salar, secar y comercializar el pescado que encontraban en la playa. Les preguntamos en qué podíamos ayudarles y nos dijeron ‘queremos una escuela infantil y un lugar donde proteger a las mujeres’», relata Mito. Así nació la Escuela Coruña, en Yoff-Tonghor, una aldea de pescadores del norte de Dakar, donde forman a niños, mujeres y jóvenes. En 2018 se construyó una biblioteca, gracias a una iniciativa del rapero gallego Hard GZ.

Preparan a mujeres con liderazgo social en cultura de la paz, igualdad de oportunidades de género, seguridad alimentaria y sostenibilidad ambiental. En el aula Aprender para la Vida se desarrolla el programa Cosiendo futuro, que enseña a jóvenes no escolarizadas a confeccionar ropa con tejidos reutilizados, con la participación de la empresaria Claudina Romero. En noviembre se capacitó a estas mujeres para emprender un proyecto de economía circular que les permita valerse por sí mismas.

En diciembre, nueve estudiantes de secundaria y ciclos formativos, dos madres de alumnos de infantil y primaria, y tres profesores del Colegio Santa Apolonia de Santiago, viajaron a Senegal, a través de un proyecto de Voz Natura, de la mano de la oenegé. «La experiencia fue alucinante, pudimos ir al corazón de la Gran Muralla Verde del Sahel [una barrera de árboles y vegetación con la que diez países africanos pretenden frenar la desertificación, uno de los problemas más graves al sur del Sáhara]», cuenta Jesús A. Couso, Kechu, el docente que coordinó la expedición. Reconoce que volvió impactado por la experiencia: «Los chavales son muy proactivos, siguen haciendo cosas aquí y ya piensan en repetir [...]. Y los profesores, que íbamos para enseñar, acabamos aprendiendo. Fue muy enriquecedor en todos los ámbitos».

En el campo sanitario, el proyecto Coruña Cura lleva 14 años en marcha, con personal médico, farmacéutico y de enfermería que se desplaza a Yoff-Tonghor una vez al año. Y en julio de 2018, dos optometristas de la Fundación Multiópticas (donó 1.700 gafas graduadas y de sol) y tres oftalmólogas de la ONG Solidariedade Galega atendieron a 1.257 senegaleses en dos semanas.

«Con todo esto hemos querido demostrar un paradigma, que las relaciones entre norte y sur han de ser distintas, alejadas del enfrentamiento, la guerra y el expolio; basadas en el respeto, la fraternidad, la paz y la colaboración entre los pueblos», resume Mito.

«En África, solo con un fonendo y con tus manos te das cuenta de que sí solucionas problemas»

Lorena Bembibre (A Coruña, 1975), médica de Urgencias del CHUAC desde 2018 (había trabajado durante años en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol), empezó a cooperar con el proyecto Coruña Cura, de Ecodesarrollo Gaia, en 2016. ¿Por qué? «Porque llegó la hora, es algo que siempre quise hacer, me hice médica para poder hacer cooperación, pero primero te formas, buscas estabilidad laboral, tienes hijos y nunca llega... Hasta que vi el momento de lanzarme y me enganché», dice.

-Lleva tres años participando en el proyecto «Coruña Cura».

-Sí, estuvimos 15 días en noviembre de 2016 y ya vi que allí era donde yo quería estar. Es el sitio donde más médico eres, solo con un fonendo y con tus manos. Me encanta mi trabajo y soy una apasionada de la urgencia, pero allí es otra cosa, no tienes conflictividad. La queja es todo lo contrario, vas con cuatro cosas y encuentras una sonrisa, un gracias. Te das cuenta de que allí sí que solucionas problemas. A nivel personal, desde que pones un pie en África te engancha y ya es para toda la vida, por la luz, las miradas... no sé explicarlo. Solo sé que llego y es como estar en casa.

-¿En qué consiste su trabajo allí?

-Hacemos atención primaria, con revisión de azúcar, tensión... Y atendemos las urgencias que llegan, sobre todo infecciones cutáneas y respiratorias. Montamos un consultorio en toda regla, con enfermería y farmacia.

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