Rafael Silva, propietario de Follas Novas: «Nunca leí un libro que me fuese inútil»

La popular librería, que tiene veinte empleados, posee más de un millón de ejemplares


santiago / la voz

La librería es su vida. Abandonó la carrera sacerdotal por la industria cultural de los libros. Rafael Silva Costoyas (Silleda, 1937), tras pasar por el seminario de Santiago, hizo la tesis doctoral en Salamanca y, en Roma, dedicó cuatro años al estudio de la Biblia con los jesuitas. «No hay ningún motivo especial por el que dejé la carrera eclesiástica, sencillamente me enamoré del mundo del libro», indica el propietario de Follas Novas, establecimiento fundado en 1971.

Rafael Silva y Xesús Couceiro, con el que mantiene buena relación, son los libreros más antiguos de la ciudad. Reconoce ofertas de compra, pero vender no está entre sus propósitos, ya que el relevo del negocio recaerá en sus sobrinos. Dice que no temen al futuro ni a Internet: «Notamos la crisis del 2008, claro, pero fuimos navegando poco a poco».

Más de un millón de libros y veinte empleados dan idea del tamaño de la conocida librería de tres pisos, ubicada en pleno Ensanche. «Ahora tenemos todo catalogado», apostilla. Hace pocos años adquirieron el local de enfrente, donde estaba Abraxas, haciéndose también con todos sus fondos. Señala que esa librería «cubría un espacio grande en la ciudad», tenía una «buena sección religiosa» y fue una «buena inversión». Ese espacio hoy lo dedican a presentaciones de libros. Las tardes en Follas Novas están muy animadas de gente de todas las edades. «Vendemos mucho libro universitario y tenemos un cliente fiel. En Navidades hubo días de hacer 25.000 euros de caja», según indica.

Con los Nobel

Delante de un café y con un pañuelo al cuello, Silva hace memoria de ilustres clientes históricos con los que tuvo ocasión de conversar en la librería: los Nobel García Márquez, Cela y Saramago; Torrente Ballester, García-Sabell, Neira Vilas, Álvaro Cunqueiro… El escritor colombiano le dijo que el mindoniense era un «fabulador extraordinario». Rafael lee muchos libros a la vez, aunque no los termina todos, «en función del interés», matiza. «Nunca he leído un libro que me fuese inútil», sentencia, al tiempo que señala que las editoriales no son necias, «saben bien lo que publican».

Se declara, desde siempre, partidario de que los clientes puedan hojear y manosear los libros: «Recuerdo una ocasión en que fui a la antigua librería González, en la rúa do Vilar, a comprar el diccionario de Julio Casares. Entonces lo sacaron de la vitrina cerrada con llave, lo pagué y me lo llevé».

El veterano librero también escribe y edita. Acaba de finalizar un texto sobre la portada catedralicia de As Praterías, de la que habla con fervor citando al canónigo y estudioso decimonónico Antonio López Ferreiro, cuya publicación verá la luz en la colección del Camino de Santiago que posee la editorial de Follas Novas. Y añade que la poesía ocupa un lugar destacado en su corazón y en la librería: «Es una sección muy agradecida».

Generosidad

Hace años escribió que su epitafio debía decir: «Pretendí ser un hombre bueno». Para Rafael la bondad es igual a generosidad, «el que favorece a sus colegas, compañeros, empleados», más allá de la familia. Tres veces visitó al papa Juan XXIII, del que dice que era la «bondad» en persona. Dos a Pablo VI, «que era más rígido». Y una a Juan Pablo II, al que tilda de «vedete» de la televisión. Sin embargo, el papa Francisco le parece un hombre que quiere estar cerca de la gente.

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