Cortoplacistas


En un mapa político cada vez más multicolor, es difícil encontrar un punto de unión común a la variada gama del arco iris. Pero lo hay, y es el siguiente: la gran mayoría de los dirigentes son hoy cortoplacistas. Ya no hay políticos de Estado que gestionen a diez años vista. La verdad es que el vértigo en el que se mueve la política actual tampoco se lo permite, y por eso ya no es que miren a las próximas elecciones generales, que son un abismo insondable; no miran más allá de los próximos presupuestos. Y por eso, al margen de quien duerma en Moncloa, a los sucesivos gobiernos estatales les ha venido muy bien alargar el chicle de la autovía Santiago-Lugo, porque el día que se acabe, ¿qué le van a ofrecer a las dos viejas ciudades? Observen sino lo que pasa con el AVE; se ve la luz al final del túnel y con tanta claridad se percata uno de que no hay ningún otro proyecto pensado en Madrid para la Galicia del futuro. El caso era peregrinar hasta la tumba del Apóstol, nada más. Y con la depuradora de Santiago pasa lo mismo: 65.000 euros en el 2019 para anestesiar las ansias de una infraestructura nueva, porque la visión cortoplacista no permite hacer cuentas más allá de los próximos presupuestos y los políticos cortos de mira no tocan la porquería que baja por el Sar más que cuando la utilizan para lanzársela al contrario en la interminable campaña electoral. Así, gobierne quien gobierne en Raxoi; mande quien mande en San Caetano y duerma quien duerma en Moncloa, ninguno verá los plásticos que intoxican a los peces ni los restos de drogas y medicamentos que los están mutando hasta que se encuentren con las sucias aguas al cuello.

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