Licor café

Emma Araújo A CONTRALUZ

SANTIAGO

La cosa se está poniendo muy intensa en la leira política porque la margarita electoral comienza a deshojarse de forma inquietante ya que, como sigan así las cosas, batiremos el récord de comicios en poco más de un año, y eso sin contar con los procesos de primarias de algunos partidos, que en muchos casos serán más descarnados que los comicios de toda la vida.

Si a alguien no se le escapa el torbellino que viene es a la clase política, que comienza a dejarse ver en demasía, a escenificar desencuentros para salir en las fotos y a extremar su empatía por doquier. No hay pistoletazo de salida oficial, pero los primeros síntomas lo invaden todo.

El problema no está tanto en el ritual de las urnas si la cosa se pareciese un poquito a Suiza, donde pueden votar hasta en cuatro ocasiones al año y en algunos cantones lo hacen ya por Internet.

Reconozco mi ignorancia sobre cómo son las campañas electorales en otros países. Sinceramente, con las que me toca vivir, y muchas veces contar, tengo más que suficiente. Será por eso que el sexto sentido, que es lo que más debería parecerse al sentido común, está en alerta y pensando en lo que se avecina.

Es algo así como cuando decides ponerte a dieta, dejar de fumar o desempolvar el curso de inglés. Mejor mentalizarse para que el choque no sea tan duro. Hay recetas para todos los gustos. Mi preferida es la que combina paciencia y sentido del humor como si no hubiese un mañana, pero dejando un as en la manga: licor café.

Lo bueno de esta receta es que también vale para el día después, ese en el que solo la resaca política supera a la del licor café.