«Riders»


Se llaman riders, un eufemismo para evitar la palabra esclavitud. O falsos autónomos, otro eufemismo de trabajadores sin derechos. Son jóvenes que ante un mundo laboral lleno de espinas están dispuestos a utilizar su coche, moto o bicicleta, para hacer repartos, trabajar sin horario, sin vacaciones y sin paro. Ni siquiera tienen la única ventaja de los sufridos autónomos, ser sus propios jefes y que si algún día el negocio va bien los beneficios sean suyos. No, en este caso solo se tragan lo negativo, lo positivo es para el empresario.

El otro día, en una tertulia radiofónica, escuchaba a dos opinantes alabar un nuevo modelo laboral en el que los universitarios, a través de una plataforma, se ofrecen a trabajar unas horas. Ellos marcan el tiempo que están dispuestos a sacrificar de su jornada. Por supuesto, sin contrato y con míseros beneficios. Hay que acostumbrarse a los tiempos que vienen, decían. No contaban que si este modelo se extiende se acaban las cotizaciones a la Seguridad Social, la caja de las pensiones, la capacidad de ahorro de las personas y por lo tanto su capacidad para consumir y tener calidad de vida.

Tampoco contaban cuál era su nómina. Ni sus derechos laborales. Seguramente mejores que los de los riders. Si no fuera tan triste me reiría si algún día todos estos opinadores con estupendas nóminas llegasen a la jubilación y se encontrasen con que no hay pensión. Porque hay demasiados riders y por lo tanto no hay cotizantes, y porque Amazon ha logrado hacerlo tan bien y es tan eficaz, que la oficina de al lado, esa que podría contratar a sus hijos, ha tenido que bajar la persiana.

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