«De lo que sea, el caso es trabajar»

Personas con síndrome de Asperger y sus familias peregrinaron desde Sarria hasta Santiago para reivindicar una mayor inserción laboral para este colectivo

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Santiago / La Voz

A mediodía la impaciencia para llegar al Obradoiro ya estaba muy presente, pero hacía mucho calor y era necesario hacer un descanso para comer. El pasado lunes, un grupo de dieciséis personas de la asociación Asperger Sevilla salieron de Sarria para recorrer el Camino. Lo hicieron para visibilizar a este colectivo, y sobre todo su escasa inclusión laboral. Y es que aunque tienen otros problemas, las personas con trastornos del espectro autista -entre ellos el síndrome de Asperger-, sufren de forma notable la exclusión laboral.

Guillermo Caamaño del Pino, de 29 años, fue uno de los que se echó la mochila al hombro en una experiencia de la que dijo «merece la pena». En su caso sabe lo que es intentar trabajar, «conseguí un contrato de seis meses y estuvo muy bien, pero el no encontrar trabajo y no poder independizarse es un problema», admite este joven. Tiene estudios informáticos y quiere poder demostrar su valía, «de administrativo, de informático, de lo que sea, el caso es trabajar, me da igual de donde me llamen, en septiembre ya me pondré a hacer un curso de gestión de almacén por si no encuentro nada».

Estos seis días de camino fueron para Guillermo y sus compañeros un oasis. Han ido despacito «porque si no no podemos hacerlo», y de toda la ruta destacan los paisajes recorridos «y el llegar aquí, que es lo más bonito que hay en la vida», concluye Guillermo. Rafael Jorreto, el presidente de la Asociación Asperger de Sevilla, no descarta repetir. Es la primera vez que llevan a cabo una actividad en la que ha habido que improvisar y se han llevado una grata sorpresa, «ha ido muy bien, solo hemos programado los albergues para no crear mucha ansiedad, y porque en agosto hay mucha gente, pero todos estaban entusiasmados. Cuando publiquemos las fotos y en la asociación vean lo bien que lo hemos pasado, seguro que el año que viene quieren volver», apunta el presidente de la entidad.

Los peregrinos sevillanos se encontraron en el Monte do Gozo con más compañeros, familias de la Asociación Galega de Asperger (Asperga), que acompañaron a los caminantes en los últimos cinco kilómetros hasta llegar al Obradoiro. En total, más de una treintena para compartir risas y reivindicaciones. Porque los problemas, explicaba Rita González, presidenta de la entidad en Galicia, son los mismos. «Es muy importante la inserción laboral de este colectivo porque son chicos adultos y en este sentido todavía está todo muy verde». Tienen más reivindicaciones, pero en este caso la asociación sevillana decidió elegir este motivo en concreto para visibilizar su peregrinación.

No obstante, en los últimos años ha habido avances, y muchos, en la investigación y el tratamiento del síndrome de Asperger. Uno de los principales, recuerda Rita, es el haber dado voz a los protagonistas. Este año, por ejemplo, la entidad gallega organizó unas jornadas en las que todos los ponentes eran personas con Asperger.

Englobado dentro del trastorno de espectro autista, afecta a tres de cada mil nacidos

El síndrome de Asperger es un trastorno del espectro autista que afecta a entre tres y siete personas por cada mil nacidos. Se caracteriza por la alteración de la interacción social, dificultad para comprender las reglas sociales, para usar y entender los comportamientos no verbales o para compartir experiencias. También suelen tener un uso peculiar del lenguaje, dificultades motores o problemas de atención, pero en la mayoría de los casos la inteligencia no está afectada, por lo que suelen ser personas además con capacidades significativas en algunas áreas de la vida.

Manifestaciones distintas

Es un síndrome que se manifiesta de formas muy diferentes y en distintos grados, de ahí que en algunos casos sea difícil de diagnosticar. Uno de los ejemplos más llamativos es el de Francisco Violat -uno de los participantes en las jornadas organizadas por Asperga-, un astrónomo y divulgador que se enteró casi a los 50 años de edad de cuál era su diagnóstico. Y ocurrió porque una persona que asistía a una de sus charlas se lo dijo.

Otro caso es el del escritor Francesc Marzo, Asperger, quien defiende su obra más allá del trastorno autista. En ocho meses escribió cuatro libros y aunque no se esconde reivindica que los lectores juzguen sus obras sin condescendencia y con objetividad, y no por el hecho de estar escritas por una persona con autismo, porque la capacidad de este colectivo no está en duda.

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