La isla de Samso es el municipio más envejecido de Dinamarca. Pero ello no constituye un problema a la hora de asociarse: existe más de un millar de entidades. Muchos ciudadanos pertenecen a dos, cuatro o catorce. Y por supuesto, las hay para todos los gustos y colores, predominando las gastronómicas.
Un ejemplo que se puede copiar. En Galicia juegan en contra tanto el carácter como la no creencia -y a veces falta de respeto- en las decisiones comunitarias, y suman multitud las asociaciones que o dejan de funcionar o se desgarran y dividen.
Tampoco ayuda el pasado, que se ha ido quedando grabado en el subconsciente colectivo: cuando quien firma estas líneas legalizó en 1970 una entidad arqueológica llamada Dugium pasó por las dependencias de la policía política ferrolana, ansiosa por saber qué era eso de la arqueología y por qué un grupo de jóvenes querían divulgarla... ¡y con qué pretensiones!
España ha cambiado (bendita Constitución del 78) y ahora hay cosas en las que copiamos a Samso: de vez en cuando a alguien se le ocurre montar una asociación, por peregrinos que sean sus objetivos, y puede hacerlo. La última, Mulleres Xornalistas, el sábado pasado en Santiago. Conmigo que no cuenten, desde luego (no soy mujer), pero me preocupa que empiecen con intentos de presión que permiten intuir censura futura. Sobre todo al leer su primer tuit: «O xornalismo será feminista ou non será!».
Bienvenidas, si bien me parece que no han entendido nada. El periodismo no es ni feminista (llevo 49 años en él y no soy feminista), ni socialista, ni ecologista, ni machista: simplemente se trata de informar con rigor. Beneficie a quien beneficie, perjudique a quien perjudique.