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Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SANTIAGO

Es el cerco de la taza sobre la mesa. Los palillos esparcidos. Los platos de madera. Los trozos de pan. La gaseosa. La bica. El pote de cobre. El aceite, la sal y el pimentón. El churrasco. El calor. Las tijeras. Es el tacto suave de los pesos. El silencio tenso mientras vuelan. El sonido metálico de la chave resonando por la Alameda.

Son las luces. Las canciones sonando a todas horas. El pez de colores que se llevan en una bolsa. El gesto de concentración mientras apuntas a la diana. El otro perrito piloto. El juégatelo a la última carta. Son los osos de peluche. El algodón de azúcar, los helados. Los churros con chocolate, las patatas fritas, las hamburguesas, los vinos de Aragón, las rosquillas. Las almendras garrapiñadas. El cosquilleo en el estómago al acercarte a Santa Susana. La retransmisión de cien carreras de camellos que avanzan de forma mecánica.

Es la cara de velocidad en los coches de choque. La de susto cuando el saltamontes se embala. El frío en lo alto de la noria que se te olvida en cuanto bajas. Es la cara de los pequeños la primera vez que ven las luces. Que se montan en las atracciones. Que descubren que hoy se van a ir más tarde a la cama.

Son los cabezudos y los gigantes saliendo a la calle. Alegrando las caras. Es el brillo del pelaje de los caballos. Es el recinto de Amio hasta los topes. La tradición. El retumbar de los cascos durante toda la mañana. Son los conciertos a cualquier hora, en cada esquina. Las grandes actuaciones en la plaza da Quintana. Irse tarde a dormir y llegar para la sesión vermú de mañana. Bienvenidos. Tienen cuatro días. Disfruten de las fiestas más compostelanas.