Mucho más que el 0,25 %


En un mundo en el que el papel se cotiza cada vez más, recibir una carta debería ser todo un ritual, como un viaje en el tiempo que nos recuerda el antiguo valor de la palabra escrita y el sonrojo ante una falta de ortografía.

Nuestros mayores saben mucho de correspondencia porque durante años recibieron infinitas noticias en este formato que ahora tiende a desaparecer. El número de cartas cayó en picado de unos años a esta parte y por eso hasta la misiva más intrascendente, siempre que no sea una factura, un requerimiento o publicidad institucional, despierta gran curiosidad. Pero hay cartas que duelen, o incluso que insultan. Una factura de la luz en estos meses de invierno duele al bolsillo. Pero una carta del Ministerio de Hacienda anunciando la subida de un 0,25 % revienta hasta el alma.

Ver a cientos de pensionistas tomando las calles de Santiago henchidos de indignación sorprendió a muchos, sobre todo a aquellos que viven en el mundo virtual. Acostumbrados como estamos al espectáculo internauta del desparrame de insultos en Facebook y en Twitter, y a su transformación en un fenómeno que ahora llaman viral, que una carta soliviante los ánimos de nuestros mayores hasta colapsar las calles pone muchas cosas en su sitio.

Hasta hace unos años los abuelos estaban para atiborrar de caprichos a los nietos, de cocidos a los hijos cada domingo y para que sus batallitas no cayesen en el olvido. Pero hoy, muchos de ellos, como antaño, están sacando las castañas del fuego a toda la familia. También ahora han caído en la cuenta de que siguen valiendo mucho más que un 0,25 % estampado en una carta.

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