En pesetas


El 1 de enero del 2002, como habrán hecho muchos compostelanos, acudí a un cajero automático con la duda de si, en una jornada que ya es histórica, me entregaría los primeros euros que me gasté en la vida. Ese mismo año, una nota anónima dirigida a la Delegación de Hacienda de Cataluña alertaba sobre el caso que, tres años después, haría famoso Pasqual Maragall con su frase dirigida a Artur Mas en el Parlamento catalán: «Ustedes tienen un problema y se llama 3 %». Se hacía público así el desfalco del Palau de la Música cuya sentencia se dio a conocer la semana pasada, con una condena ejemplar sobre el expresidente del Palau, Félix Millet, y su mano derecha, Jordi Montull. Con la boca abierta escuché en la radio que las primeras estimaciones sobre las cantidades defraudadas a las que hacía referencia el fallo judicial se hicieron en pesetas. En pesetas se pagó la boda de la hija de Millet, al que se acusa de gastarse 33 millones de la antigua moneda en el bodorrio y en otros dispendios como un estanque para peces o un mando sumergible para la piscina.

En junio del 2000, la edición de Santiago de La Voz de Galicia abría con el siguiente titular: La planta de Silvouta vierte al Sar agua sin depurar todos los meses, salvo en agosto. En la información se indicaba que las obras de ampliación de la infraestructura, necesarias para evitar esos vertidos, costarían 3.000 millones de pesetas.

Si inmersos ya en la cuarta revolución industrial; es decir, la de la industria inteligente, las cuentas en pesetas siguen lastrando la vida pública, es que algo huele mal, en el Sar o en el Llobregat. Quizás haya que resetear.

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