La manada


Solo unos depredadores se harían llamar así, la manada. Un apelativo de guerra que es para mí una prueba más contra los cinco sevillanos acusados de violar en grupo a una chica en los sanfermines. Siento asco al leer algunas de las cosas que he tenido que leer estos días en los que se celebra el juicio. Y no por el hecho brutal de la agresión sexual múltiple. No. Lo que más me repugna es que tantos sigan juzgando a la chica, que no es la que se sienta en el banquillo. Allí están los presuntos violadores, los que a muchos les dan pena, vaya por Dios, porque salen sus fotos y sus nombres en los periódicos. La manada no son solo esos cinco. Hay muchos más lobos sueltos por el monte. Todos los que culpan a la víctima porque no les parece lo suficientemente víctima. Porque un día se hizo una foto y parecía alegre en una versión maquillada del algo haría. Del la culpa es suya por irse con cinco por ahí. El hombre ya no es un lobo para los demás hombres, como dijo Hobbes. Pero sí para las mujeres. Con ellas, muchos siguen siendo fieras de dientes afilados que las despedazan a dentelladas de reproches e insolidaridades. Pasa. Recuerden esa policía nacional gallega víctima de violencia de género a la que el cuerpo, el propio Ministerio del Interior, le negó el traslado a casa desde Madrid para ponerse a salvo de su maltratador. Un traslado al que, como funcionaria, tiene derecho por ley, como le acaba de reconocer el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Con ella el Estado, la Policía y muchos de sus compañeros también fueron una manada que la acusó de querer aprovecharse de la situación. Ellos, los que tienen que protegernos. Así estamos.

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