Ya están los presupuestos para su uso y disfrute, aunque a estos dos términos habrá que aplicarles la temida reválida al final del mandato. Los grupos se muestran ávidos, al terminar el ejercicio, de saber lo que sucedió con el anterior para acumular munición. Eso tiene una traducción clara: o se esmera el gobierno local en exprimir los números o sufrirá un continuado bombardeo desde las filas de la oposición.
Es sano ese intercambio bélico para poner las políticas en su sitio, y porque aquí no existen ediles-Trump que utilicen bombas de racimo dialécticas ni ediles-Matanzo, aunque Compostela Aberta no lo tiene muy claro. Y es saludable porque las cuentas reflejan la sustancia del mandato. Si este es insustancial, el signo es el fracaso. Y la legislatura está en el ecuador, no en el principio. Los tiempos de cortesía llegaron a su última prórroga, ahora que están de moda estos períodos extras en Raxoi.
Un dato que no puede caer en el baúl de las anécdotas: nadie le puso objeciones a las cuentas del 2017. Hubo una persona que lo hizo, pero retiró su alegación. Es decir, a diferencia de otros años los presupuestos entrarán en vigor sin apelaciones ciudadanas o institucionales. Si alguien pensaba quejarse al maestro armero, no lo ha hecho. Eso ha aliviado de cargas al funcionariado hacendístico perdonado por Montoro y ha anticipado la vigencia de los nuevos números. Unos números que esta vez se presentan con distintas siglas detrás, pero con una sola diana: Martiño Noriega. El regidor sabe que si el curso municipal se puebla de matojos, jerpas, chuminadas o ideas vejestorias sin escoscar, aparecerá políticamente flechado como San Sebastián en el 2018.
Quien no corrió al mismo ritmo deseado, más bien extemporáneo, y llegará un año después a su destino, es ese tren europeo, con maquinista estatal, denominado Edusi. Madrid ha decidido no tomar el AVE y unos fondos muy provechosos que deberían apearse en la estación presupuestaria del año 2016, llegan a la del 2017. Y casi a las puertas del verano. Es una pena que el Gobierno siga utilizando el ábaco para repartir fondos.
Bomberos
Un proyecto, señores del Edusi, no es una iniciativa que se coloca sin más en una cinta transportadora para que la ciudad lo recoja. Son varias las cintas administrativas por las que circula y lo lógico es situarlo lo antes posible para que no se lleve por delante las doce uvas y se aproxime a las siguientes. El Edusi viene a salpimentar de inversiones los presupuestos compostelanos del 2017, pero si los proyectos aprobados prefieren festejar antes el San Isidro, qué se le va a hacer.
Hablando de cuentas, que en estos tiempos están lejos de ser las de la lechera porque las ambiciones afiladas las afeita el Estado, habrá que ir haciéndole un hueco pronto al parque de bomberos ¿O no encaja? Las instalaciones pueden tener acento comarcal o local, todo depende de los señores de la mesa redonda o cuadrada (según la mentalidad del que se siente) que aspiran al disfrutar del servicio. Más que aspirar ellos, son las poblaciones las que aspiran a vivir con mayor seguridad en sus feudos. Y por ahí se cuela una verdad incuestionable: no es un derecho, es un deber asegurar a los munícipes (habitantes de un municipio, en sentido puro).
Lo que no parece de recibo es visionar, como ha ocurrido alguna vez, una película callejera de los Hermanos Marx para atender un siniestro comarcal, con un parque de extinción cercano saludando pesaroso a otro lejano que pasa ante sus narices. Y con unas condiciones que «invitan» a menudo, pese a todo, a intervenir al solícito hermano mayor de San Caetano, con papá Consorcio asintiendo beatífico.
La seguridad no figura en el tablero de juego político. En la política hay listos, listillos y tontos que dicen que son listos, pero que no tienen afán de demostrarlo. A los ciudadanos solo le interesa la gente sensata. Y si una iniciativa no puede germinar, porque no está bien abonada, hay que explicárselo a esa ciudadanía, no echarse a dormir. Y es que son años, muchos años, con la misma cantinela y ya hay suficientes ovejas aburridas como para amuermar a toda la cabaña.