A la balanza de fin de año le sobra siempre un platillo

Xosé manuel cambeiro LA VOZ / SANTIAGO

SANTIAGO

ABRALDES

El año 2016 no se fue de puntillas. La oposición se encargó de ponerle cencerros en forma de balance, que viene siendo lo mismo que balanza, aunque algo afrancesado. En un platillo va el grano y en el otro la paja o nada. El fiel de estas balanzas es poco fiel. Se inclina de una forma extraña. Si la oposición es la que mide el peso, el platillo de lo bueno del gobierno está allá en lo alto, y el de lo malo hundido por la elevada carga que soporta. Si es el gobierno, el platillo de lo bueno de la oposición está arriba y el de lo malo desplomado. El político, en estas valoraciones, imita un poco al amante de lo ajeno y suele actuar a domicilio. En estos balances la aguja del equilibrio es más infiel que Tiger Woods. Cosas de la particular ley de la gravedad.

Como era previsible, PSOE, PP y BNG cargaron el platillo de los desaciertos de Compostela Aberta y no depositaron ni unas míseras pajas en el otro. Solo el BNG tuvo a bien colocar algunas mazorcas en el haber del grupo de gobierno. ¿Y Compostela Aberta? No hizo balance. Únicamente efectuó declaraciones sueltas en intercambios dialécticos.

El ejercicio del 2016 no fue vistoso y sí algo embarrado por los charcos pisados. Por ejemplo, concurso va concurso viene, los garbanzos colegiales no entraban en ninguna olla. Y los que entraban lo hacían a disgusto de los padres, que reclaman unos comedores escolares dignamente surtidos en el año 2017. Y sin las incertidumbres del 2016.

En lo incierto se han movido también una serie de contratos que con el año nuevo deberán sentar cabeza. Y ese alumbrado navideño que ya se va pero que volverá el próximo año. Y ese pago a proveedores. Y esas reurbanizaciones que venían encaminadas y se desencaminaron. Y esa remodelación político-administrativa pendiente. Y esos ciudadanos míseros o misérrimos que ansían entrar en el 2017 con un pan sociolaboral bajo el brazo. Y ese aguijón para espolear a las administraciones remisas a depurar el Sar o a comunicar el norte de la ciudad. Y ese caso judicial que envolvió a Duarte. Y esos vados conflictivos.

Inversión

Quien sí entra en el 2017 con un pan bajo el brazo es el propio gobierno local, que obtuvo un logro clave para la ciudad en tiempos de vacas flacas como los diez millones del Edusi. En ese escenario económico caben unos cuantos proyectos. Lo que no cabe es la política de Montoro de impedir engrasar la maquinaria para ejecutarlos. Pero con esos y otros fondos ya comprometidos, tendrá que ser un año de obras.

A propósito, la munición que cayó durante meses sobre Compostela Aberta por el agujereo de las calzadas dejó paso a un silencio sepulcral y al entierro del vocablo fochancas. Y no era feo. Pero no hay prisa por rescatarlo.

Diez millones de inversión en un año son una cifra respetable. Es de esperar que su integridad no se vea alterada por inoportunas sentencias millonarias. Para esto último siempre cabe presupuestar un fondo de contingencias, procurando que no rebase los seis millones de euros.

Los presupuestos son precisamente el pórtico de entrada al ejercicio del 2017, y no está cerrado. Desatrancarlo será el gran reto de Compostela Aberta, que cada vez está más convencido de que la tranca o la retira el BNG o la moción de confianza, que también tiene músculo en este caso.

El platillo de la balanza gestora tampoco recogió un elemento clave como la revisión del Plan Especial, que está avanzando en las mejores manos, o los récords turísticos, que se pueden argüir de mil maneras pero se encuadran en el mandato y en el haber del equipo de gobierno. Estarían en el platillo malo si fuesen negativos. La municipalización de la grúa, la renta social, la actual colaboración institucional...

Pues bien, se ha emitido un veredicto y Martiño Noriega es culpable de todos los males y de la apertura de la caja de Pandora municipal. Cierto es que más de uno le ha visto en Dallas un tal día 22 de noviembre de 1963. Y es que Noriega aparenta menos años de los que tiene. Llevaba un rifle Carcano oculto bajo la gabardina, una gabardina que aún usa hoy porque conserva un gran fondo de armario. Y la prenda, por lo visto, le delata en el ejercicio de sus funciones.