De copas por los despachos de Raxoi con aforo reducido


la voz/ santiago

La mesa del diálogo para aclarar las entrelineas del texto legal que causa tanta zozobra en la noche compostelana tenía que haberse inaugurado ya hace años, e ir disolviendo desde entonces las dudas surgidas en la actividad hostelera dentro de sus límites legales. La frontera entre la vida de los pubs y la de los hogares del contorno a menudo se volvió difusa, y la imprecisión se saldó con riñas privadas y públicas. Difusa se tornó también la senda sancionadora, con arritmias que era preciso tratar.

La ley está murada y se supone que los muros son infranqueables, pero en el interior hay rúas, veredas y pasajes que pueden emplearse y corregirse para lograr una mayor eficacia y claridad en el recorrido legal. Que no haya preocupación en actuar, porque ahí no llegan los recortes del Gobierno. Aunque pueden llegar los de la Justicia si uno traspasa ciertos umbrales. Los servicios del Concello habrán de aguzar su punta jurídica. Y los de Urbanismo, disponer de medios y llaves precisas, bien dentadas.

Pero, en fin, la mesa está puesta y lo importante es que los comensales (los que comparten mesa) logren que las brumas de la normativa y de la noche copera se disipen mediante un acuerdo consensuado. No es fácil, pero es viable y hay que viabilizarlo, porque de lo contrario habrá que seguir reservando páginas mediáticas a la angustia nocturna en vez de a la alegría noctámbula. Son dos sectores los que tiran de la cuerda, el descanso y el ocio, y ambos deben tener un encaje sin fricciones.

Toda la oposición echa en falta en esa mesa a los que tiran del lado ciudadano. Aunque encima del tapete está la ley que afecta a los locales, y solo estos pidieron las reuniones, su actividad repercute en el entorno. ¿Puede quedar apuntalada la nueva regulación sin las voces vecinales? Mejor sería no dar pábulo a esta interrogante.

Lo cierto es que la noche no se apaga a las doce, y mal haría la administración si no la cuidara, porque es un ingrediente básico para muchos visitantes. Y para muchos residentes. Si al casco histórico se le pone el matacandelas nocturno, sencillamente no se le haría ningún favor a la vitalidad de Compostela. En el Ensanche, dos cuartos de lo mismo. Ahí hay que recordar que los consumidores tampoco están en la mesa.

Seguridad y riesgo

Dos son los elementos que han de estar meridianamente claros entre las paredes del copeo: seguridad e insonoridad. En los pubs no entran ascetas, ni ascético es el ambiente en su interior. Hay alma, hay jolgorio, hay cultura, hay música. Pero la piel de la seguridad debe rodear ese escenario. Y la de la legalidad, la que salga clarificada de la mesa de diálogo. No diáfana, porque nunca se alcanzará ese grado dan. Pero los trazos legales serán mucho más visibles que los que provocaron los sonoros altercados recientes.

Es, con todo, una meta inalcanzable que el descanso total llegue a todas las camas, y menos a aquellas a las que les suenen los muelles. En ciertas rúas antiguas el sonido de una canica botando en el pavimento rebota nítidamente en el tímpano del vecindario. El derecho al descanso es sagrado, pero hay veces en que ese carácter sagrado no se consigue con velas, sino con cuartos.

Rubén Cela viene clamando por un sistema insonorizador de las viviendas (aparte del de los locales) de forma que los rescoldos de la noche compostelana no lleguen hasta las alcobas. Hay hogares expuestos al menor brote de decibelios que podrían, con apoyo administrativo, taponar sus conductos auditivos y ofrecerles mejor calidad de vida a sus moradores.

Salieron los primeros criterios encaminados a unificar la normativa, y se le está dando vuelta y vuelta al más difícil de hornear: el aforo. Dentro del cinturón de seguridad exigida, las voces de la mesa de diálogo deben coincidir en hallarle el mejor encaje con aval técnico y jurídico. Los hosteleros se quejan amargamente de la estrechez de la norma, frente a la amplitud de las multas. Son excesivas, creen muchos, y la nueva regulación las quiere bajar de los peldaños altos. Al analizar el aforo, es preciso verificar si los arcenes legales restan mucha pista de copas o no.

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