Aquel tipo del sombrero


Apareció a su hora, con la mirada oculta bajo sus gafas negras y tocado con sombrero. Se encorvó ligeramente sobre el teclado. Y permaneció casi inmóvil durante todo el recital, ajeno a las más de 20.000 personas que abarrotaban el anfiteatro del Monte do Gozo y que trataban de adivinar algo parecido a un gesto. En un segundo plano, que en realidad era el primero que no había, alineado con el resto de los músicos.

Allí estaba Dylan, en el que es, hasta el momento, el último de sus dos recitales en Santiago. El ahora Nobel de literatura protagonizaba, el 17 de julio del 2004, su segunda incursión en esta ciudad. La actuación respondió a los cánones que el mito ha ido cincelando con su comportamiento público durante más de cinco décadas, Tan esquivo y huraño como concentrado y profesional. El concierto, programado en un horario imperdonable, tampoco pasaría a la historia como uno de los mejores de míster Zimmerman. Apenas recuerdo que abrió con la imbatible Maggie’s Farm y que intercaló algún que otro tema de Time out of mind (la que sigue siendo junto a la posterior Modern times su mejor obra desde los colosos que levantó en las décadas de los sesenta y setenta), antes de desquiciar a más de uno con retorcidas versiones para iniciados de un puñado de grandes clásicos. Y como vino se fue. Ni un ademán. Impasible a la ovación de sus feligreses. Para él solo era una parada más del Never ending tour que inició hace casi 30 años.

Hace 50 años, algunos le llamaron Judas por desafiar el catecismo folk armado con una guitarra eléctrica. Ahora, igual que entonces, todos pueden seguir llamándole poeta.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Aquel tipo del sombrero