Los padres han propuesto en el mes de noviembre una huelga de deberes para sus hijos al menos los fines de semana. Lástima que no me pillase cuando yo cursaba sexto de EGB, que me apuntaba fijo. Quede claro que cuando escucho que un niño de primaria se pasa dos horas haciendo deberes en casa me parece una aberración, y más aún cuando oigo a los padres decir que los hacen con ellos. Si un niño no es capaz de resolver sus tareas, es la escuela quien tiene la obligación de volver a explicar los contenidos porque, o los ejercicios no se adaptan a las clases, o ese alumno tiene una necesidad mayor de atención y no la está recibiendo.
Pero que me digan que los niños están ahora sobrecargados cuando van a multitud de actividades extraescolares no lo comparto. Los niños necesitan agendas, eso sí que es intolerable, que el pequeño no sepa si hoy le toca inglés, natación, francés o clarinete. Primero la jornada única se convirtió en el deseo de todos y ahora hay que completarla con una batería de actividades. Que sí, que algunas son lúdicas, pero no todas. Que sí, que hay profesores que todavía no saben que estamos en el siglo XXI, pero la minoría.
Habrá conductores de autobuses a los que no les vendría mal volver a la autoescuela, enfermeros que olvidaron nociones básicas de cuidados y políticos que, en fin, para ellos habría que crear una categoría especial. Pero sigo pensando que de la sanidad quienes más saben son los profesionales y de la educación debemos pensar lo mismo. Así que hablen con ellos, siéntense, busquen lo mejor para sus hijos pero déjenles hacer.