El Alquimista de Pontepedriña es el técnico que enlaza más campañas en un mismo banquillo de la ACB
06 ago 2016 . Actualizado a las 16:41 h.Moncho Fernández encara su séptima campaña en Sar y sigue contagiando la pasión por el baloncesto y el Obradoiro de cuando llegó, en agosto del 2010. Si hay desgaste, no se le nota. En una semana se pone en marcha el nuevo proyecto.
-Póngase en mi lugar. ¿Cuál sería la pregunta para empezar?
-Supongo que la habitual, la que esperaría, es la de si estoy contento con el equipo a estas alturas.
-Por eso lo animo a que se sorprenda.
-No es fácil. Me diría: ¿Cómo valora que el Obradoiro lleve cinco campañas seguidas en la Liga Endesa?
-También está en el guion.
-Bromas aparte, preguntaría por el jugador que nos falta.
-Sin duda, pero es una pregunta perdida, me temo.
-Sí, la verdad es que sí. Buscaremos un jugador que pueda complementar lo que tenemos dentro de nuestras posibilidades. Si le parece, empezamos por cómo ha ido tomando cuerpo el proyecto.
-Adelante.
-Este año, el mercado ha permitido que accediéramos a jugadores de un perfil más veterano y con más experiencia, que no edad, respecto a los del año pasado. Este verano ya se ha visto condicionado por el nuevo convenio de la NBA. Y se va a notar más en el futuro.
-¿De qué manera afecta?
-Jugadores que podrían ser del espectro de equipos de nuestro nivel pasan a ser inasequibles. Vemos jugadores que apenas han completado un año en la universidad, no han sido drafteados y tienen dos años de contrato garantizado en la NBA. Esto es una realidad y se va a exacerbar en el futuro, cuando haya más equipos, como va a haber, en la D-League, cuando haya contratos garantizados de 150.000 dólares al año. Hasta este año, lo máximo que cobraban eran 35.000. Pero cualquiera que juegue diez días en la NBA va a ganar 50.000. Y si es play off, 300.000. Esto hará que Europa pase a ser un terreno difícil para equipos como nosotros, con potencial económico limitado. Creo que en el futuro será más fácil fichar jugadores a los que, entre comillas, no les haya ido bien en la NBA, que a un rookie, como en su día Muscala.
-Imagino que Caloiaro fue el punto de partida. Que se quedase o no condicionaba el plan de ruta.
-Lo primero fueron los jugadores que podían permanecer, con una opción de continuidad que había que ejercitar en un determinado plazo. Para mi satisfacción, tanto Pepe Pozas como Fran Cárdenas permanecen. Luego, teníamos jugadores que podíamos poner en el derecho de tanteo. Angelo era uno de esos, y peleamos hasta donde podíamos. Hay líneas que nunca vamos a cruzar. La estabilidad económica está por encima de todo.
-Cada proyecto ha tenido sus rasgos. ¿Cuáles son los que definen al nuevo equipo?
-A priori, es difícil. Aportamos más veteranía al equipo, más conocimiento de la ACB.
-Permítame un inciso. ¿Ha llegado veteranía por el devenir del mercado o porque la buscan después de un año con una plantilla con muchos debutantes?
-Nacho Llovet recordó que llevábamos tres años persiguiéndolo. A veces, las gestiones no dan un fruto inmediato pero sí en el futuro. Tenemos una filosofía, que es la de trabajar como si fuéramos a estar treinta años en el club. Hay ocasiones en las que puedes tener acceso a unos jugadores, y otras no. Nuestro criterio básico es que los jugadores se adapten a nuestras posibilidades económicas. Y buscamos los mejores posibles. Unas veces tienen más experiencia y otras no. Luego entran otras cosas, como el perfil humano, que es innegociable. Se juega mucho al perfil, al quiero un cinco que mida 2,13, anote ganchos con las dos manos, que las dobladas las meta para abajo y ponga cinco tapones por partido. Ya. Y yo quiero veranear en Malibú cinco meses al año. Y no puedo.
-El año pasado apenas había puntos en la pintura. ¿La idea es corregir ese déficit?
-El equilibrio es un valor. Que los puntos puedan venir dentro y fuera es muy bueno. Se retroalimentan. Cada equipo tiene su alma. Es como un caldo. Más bien, un guiso. Hay que cocinarlo, hacerlo poco a poco.
-Recupero una de sus autopreguntas, con un matiz. No es fácil valorar esos cinco años seguidos en la ACB. Y tampoco renovar la ilusión sin expectativas de poder aspirar a metas mayores. ¿Cómo se gestiona esa tesitura?
-Es una papeleta difícil. Pondría el ejemplo de la salud. Mucha gente le da valor cuando la pierde. Ir cada quince días a Sar, ver el básquet, disfrutar de equipos de máximo nivel que vienen no a jugar amistosos sino a ganarnos... Eso es lo que no se puede perder. Volviendo al año pasado, porque me viene perfecto para esto, vivimos una situación muy delicada, con 18 derrotas en 20 partidos. Fue como un agitar el avispero. El campo se llenó, porque la gente dijo: «Cuidado, que esto se nos puede ir». Fue muy importante ganar en casa determinados partidos. La respuesta de la gente fue indicativa de que quiere Obradoiro. También he oído: «Estoy cansado de ver a Juan Carlos Navarro». Supongo que el día que un amante del champán se canse de beber Don Perignon tendrá que dejar el champán. Espero que sean los menos y nunca nadie se canse de ver a lo mejor. Nuestra realidad es la de nuestro presupuesto. Y nuestros abonados son imprescindibles para que haya ACB en Sar.
-¿Qué ha cambiado en estos años en el Obradoiro, desde su llegada en agosto del 2010?
-En estructura y crecimiento del club, la línea es ascendente. A pesar de que ha ido bajando el presupuesto. El club ha crecido y está preparado para soportar envites y embates para los que antes no lo estaba.
-Por cierto, tras la marcha de Pascual, nadie lleva tantos cursos seguidos en un mismo banquillo de la ACB.
-Pues espero que no se aburran de mí.
-De los fichajes de otros equipos, ¿hay alguno que le llame especialmente la atención?
-Hombre, Bargnani, Randolph... Ojo a Buba en Bilbao, a Jankovic, que ha fichado en Valencia... Creo que hay una tendencia autodestructiva que lleva a depreciar la ACB. Y creo que sigue siendo la mejor, a nivel de competitividad, en todo el espectro FIBA. A veces nos olvidamos de que el mundo, desde el 2008, ha cambiado mucho. Y el baloncesto no está al margen.