¿Pero qué pasa en Santiago?


Desde que el exelectricista de la catedral robó el Códice Calixtino Santiago no ha parado de concatenar casos raros o llamativos. Al alcalde -Conde Roa- que defraudó a Hacienda y tuvo que dimitir, le siguió otro -Currás- que no salió del juzgado y cuya supina inutilidad hizo que el mismísimo presidente Feijoo tuviera que intervenir y apartarle del cargo. Eso sí, previa dimisión de casi todo el grupo de gobierno por aprobar que el Concello pagase el abogado a un edil imputado en el caso Pokémon. Después, unos padres -Rosario Porto y Alfonso Basterra- asesinaron a su pobre hija -Asunta-. Y no fueron los únicos filicidas. Les siguió una mujer que vino a Santiago para participar en el congreso de una secta gnóstica y mató con sus propias manos a su bebé de solo seis meses porque oía voces que le decían que era el mal. Todo muy normal. La columna se acaba, así que no caben muchos más sucesos extraños, pero solo estas últimas semanas hemos tenido ejemplos. El más impactante el de la pobre chica que salió de casa a medianoche, subió al Pedroso, se quitó la ropa, caminó otros cuatro kilómetros y falleció de hipotermia tras quedarse dormida. Sin olvidar al chaval que desapareció de su casa y fue hallado en un mirador de O Vicedo o el paciente psiquiátrico que se tiró en marcha de la ambulancia que lo trasladaba. ¿Pero qué pasa en Santiago?, he leído y oído preguntarse a muchos compostelanos. ¿No se suponía que esta era una ciudad tranquila? Lo es. Y seguramente lo único anormal que suceda es que los notarios de la realidad contamos ahora más cosa. Solo eso.

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