A grandes males...


La oposición de Santiago ha pasado de puntillas sobre el problema de las fochancas, quizás por aquello de «no meneallo». Y mientras, los ciudadanos siguen rascándose el bolsillo para pagar las ruedas. El asunto adquiere tal cariz que ya procede aplicar el refrán ese de que «a grandes males, grandes remedios». Y el remedio, si existe, lo tiene el cura de Xermade, que prevé celebrar mañana una misa para reivindicar el arreglo de las castigadas carreteras del municipio. No estaría de más que las altas autoridades eclesiásticas de Compostela tomasen ejemplo del párroco lucense. El arzobispo, Julián Barrio, podría centrar la misa de doce del domingo en tan necesaria rogativa, con botafumeiro incluido, que se lo agradecerían hasta los peregrinos que llegan a la Catedral sorteando cráteres a pie o en bicicleta. Dirán ustedes que no está la Iglesia para ocuparse de asuntos tan mundanos, pero ante la crisis de fe que vive la sociedad, quizás bajarse de los altares para ocuparse de los problemas reales de la parroquia no sería un gran desatino. A fin de cuentas, si el papa predica que los Estados deben ser laicos... Rogativas milagrosas las hubo siempre. No hace mucho que en las tierras del Deza se plantearon recuperar la tradición de los ruegos a las vírgenes más veneradas para que las lluvias acabaran con las sequías o para que las cosechas fuesen generosas. Claro, que una cosa es suplicar misericordia divina y otra muy distinta doblegar la voluntad terrenal. Se puede creer en los milagros de Fátima, pero que una plegaria tumbe la burocracia es más de ilusos que de piadosos.

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