A ver si las administraciones sientan la cabeza y no se dedican a mariposear por distintos puntos de la ciudad para dejar muebles y personal administrativo. El Ayuntamiento, por ejemplo, ha esparcido sus negociados por distintos enclaves, aunque ha aposentado mayormente sus reales en el área de Galeras. Ha convertido algunas calles de esta zona en distritos municipales a la sombra del edificio de Fenosa. El día que Raxoi arríe la bandera de Galeras y levante ese campamento administrativo, porque ha encontrado cobijo en otros pagos, el vecindario va a sentir un vacío parecido al clavo que tenía Rosalía clavado en su corazón. Era un clavo que le dolía, ella misma lo reflejaba, pero cuando desapareció tuvo añoranza de esa pena.
Galeras tiene algo similar. Para muchos compostelanos las oficinas económicas de esa área representan un clavo para sus bolsillos, un clavo a menudo doloroso. A nadie le apetece dejar sus euros para adquirir, supuestamente, servicios públicos. Pero es seguro que cuando esos negociados abandonen Galeras más un residente sentirá añoranzas de esa pena, buen Dios.
No obstante, y tal como andan las cosas de palacio, incluido el de San Xerome, los compostelanos aún seguirán vaciando sus bolsillos en el viejo enclave de Fenosa durante unas cuantas primaveras. Aunque no tantas como las de Cunqueiro, porque algún año de los que vienen, o alguna década, la Universidade habrá de emigrar del nido de cuco municipal en el que está poniendo los huevos: el edificio de Estomatoloxía, junto a un hospital también añorado pese al dolor que a muchos infirió y que ya no existe. El día en el que ondeen en Estomatoloxía las banderas de Raxoi, entre ellas la de Europa que anda de capa caída, los munícipes agradecerán sus segunda sede municipal.
Ya será un mero recuerdo aquella mole policial de Rodrigo de Padrón que, si Madrid fuese algo formal, tendría que haber acogido años muchos de los departamentos municipales de la diáspora que han dejado por ahí durante años un rastro de dinero en alquileres. Y lo siguen dejando. A Raxoi no le queda otra que mandar a los ciudadanos a Galeras.
Pero no es solo el Concello el quiere mandar los alquileres al garete y sentar la cabeza en un inmueble espacioso. La Xunta también está adquiriendo dotes ahorrativas y efectuando maniobras para cobijar sus oficinas sin espacios sobrantes. Y una de las acciones economizadoras radica en el uso del viejo pabellón de la Expo. Es ese edificio singular que muchos compostelanos no pudieron ver en la exposición andaluza porque se sumergieron en las inacabables colas delante de los pabellones más publicitados. Entre ellos el que suscribe. La cofradía de los tontos siempre está abierta. Pero bueno, que la Xunta aproveche el viejo inmueble sevillano.