Parlamentar

SANTIAGO

Estrenamos año y llega movidito en lo que a la política se refiere. Vivimos el fin de las mayorías absolutas y el 2016 va a exigir a todos los partidos que hagan lo que se supone que deben hacer y no hacen: parlamentar. Las palabras no engañan y de este término deriva Parlamento: el lugar al que se va a dialogar. Como en los ayuntamientos corporación significa que el gobierno es colegiado, de muchos. En Santiago, Compostela Aberta gobierna en minoría y el primer intento de pactar los presupuestos municipales fue un fiasco. El alcalde, Martiño Noriega, culpa a la oposición de la falta de voluntad negociadora y viceversa. Dos no hablan si uno no quiere y si no quieren los dos ni se dan los buenos días. A unos y a otros los compostelanos deben exigirles que, acabadas las elecciones, dejen de estar en permanente campaña y se pongan de acuerdo en lo esencial, que no es tan difícil. Esta nula capacidad de dialogar es el verdadero problema, porque el mandato de los ciudadanos en contra de las mayorías absolutas ha sido claro en Santiago, como también en España tras las últimas elecciones generales. Vamos directos a repetir unos comicios porque nadie obtuvo mayoría absoluta y esta es la mayor tragedia. En Alemania, en Italia, en Portugal y en casi todos los países europeos nadie gobierna con mayoría absoluta. Pactan. Cada uno sabiendo el papel que le han otorgado las urnas. Porque no se puede querer mandar más que el que ganó las elecciones, pero tampoco haber vencido te permite ignorar a una oposición cuyos votos, todos juntos, son más que los del ganador. No sabemos qué deparará el 2016 en el Estado, pero en Compostela debería ser el año del diálogo, del consenso y de los pactos. Lo veremos.