Al mudarse temporalmente a San Francisco notaron un bajón, aunque los usuarios están regresando. Dice Esther que entre ellos se crean vínculos, pero inestables
05 dic 2015 . Actualizado a las 10:05 h.Sor Esther dirige la Cocina Económica de Santiago, que debido a las obras que se están haciendo en su sede en la rúa Travesa, se ha trasladado durante un año al convento de San Francisco. Habla con naturalidad y simpatía de todo. De la generosidad de los compostelanos, del perfil de los usuarios, y de como establecen entre ellos relaciones que parecen muy intensas pero acaban siendo fugaces.
-¿Qué tal en la nueva ubicación?
-Estamos desde el 1 de septiembre. La verdad es que muy bien. Nos han dado todas las facilidades y lo que va surgiendo sobre la marcha nunca es un problema. Por otra parte, el espacio es muy bueno, más pequeño que el que teníamos, pero muy bonito y además de piedra. Las dimensiones son amplias, tenemos comodidad y estamos en confianza.
-¿Cuándo terminará la reforma de su sede?
-Está previsto en un año. Creemos que en septiembre del 2016 ya estaremos dando las comidas en la rúa Travesa.
-¿Ha variado la demanda?
-Hubo un bajón porque el cambio les supone a algunos un trastorno, están acostumbrados a tenerlo todo aquí, a mano, en este cogollito, y el desplazarse a San Francisco les supone una incomodidad. Hay alguna persona mayor que tiene dificultad con las cuestas, y otros tienen aquí su mundillo y dedican a la comida lo mínimo de lo mínimo, así que desplazarse allí les ha costado. De todas maneras, vamos incrementando el número, ya estamos en 150 o 160 en las comidas, y en las cenas unos 110 o 115.
-¿Se ven muchas caras nuevas o suelen ser habituales?
-Hemos notado muchas novedades. Hay gente nueva y algunos de los que habitualmente estaban por aquí se desplazan a otros sitios, sobre todo al percibir un cambio hay gente que se fue.
-¿Se crean vínculos entre las personas que acuden a comer?
-Algo sí, y a veces son muy amigos, pero son relaciones muy inestables. Una de las características de estas personas es que las relaciones importantes, las familiares, las de los amigos de la infancia, se han roto. Todo es frágil, a tiempos cortos, incluso enamoramientos que parece que van a ser definitivos por sus expresiones, enseguida desaparecen.
-O sea que han vivido enamoramientos en la cocina.
-Sí, síii (dice con intensidad). Hay enamoramientos que parecen definitivos y no, se rompen y a veces con conflictos graves. Aquí todo es en tiempos cortos, como la responsabilidad. Por ejemplo, una persona se compromete a colaborar en pequeñas tareas, porque a nosotras nos parece muy interesante para ellos, y justo el día que decimos: «Oye, pues mira, está resultando bien», al día siguiente no aparece. Es un perfil de personas que se cansan, no porque sean mala gente, sino que tienen ese rasgo de cambiar, no hay relaciones estables ni con parejas ni con amigos.
-¿Son sensibles los compostelanos con la cocina?
-Con el cambio hay gente desorientada. No saben si colaborar con nosotros en la rúa Travesa o en San Francisco. En estos momentos preferimos el dinero porque el espacio de almacenaje es más reducido. Además, compramos el producto que necesitamos, y si nos juntamos con muchas alubias o pasta, que nos da el banco de alimentos, debemos derivarlas. Sé que a algunas personas no les gusta dar dinero y, por ejemplo, siempre nos vienen bien aceite, azúcar o café. Y también fiambres y quesos porque se dan en el desayuno. El dinero hace falta para todo, agua, luz, personal. Pero la gente es muy muy generosa. He estado en otros sitios y con diferencia los vecinos de Santiago y alrededores son muy generosos y comprensivos con nuestros trabajo.
La sede. La cocina está en la rúa Travesa, pero durante las reformas están en el convento de San Francisco.
Las necesidades. En Reyes siempre dan un regalo a sus usuarios. Este año será probablemente un saco de dormir y algo de aseo, por lo que las colaboraciones siempre se agradecen.