«Los límites los ponemos nosotros»

Un niño con síndrome de Down recoge la compostela con su familia


SANTIAGO / LA VOZ

El peregrino cien mil, el manchego Julián Rubio, llegó ayer a Santiago para seguir rompiendo récords. El 6 de julio de 2010, último año santo, se cerró con 97.305 caminantes, y el mismo día del 2014, con 89.668. Tras la aventura de Julián y de tantos otros romeros que suman las cifras históricas de este año hay apasionantes historias personales. Una de ellas es la de Rocío Guerra-Librero, que entró en el Obradoiro a primera hora de la tarde.

Rocío es madre y tía de los cinco niños con los que compartió 104 kilómetros del Camino Inglés, los que unen Neda con Santiago, durante siete intensas jornadas. Pablo, Alejandro, Jorge, Marco Antonio y Juan Pablo tienen entre 9 y 16 años. El mayor, Juan Pablo, es hijo de Rocío, y tiene síndrome de Down. «Mi objetivo es enseñarles a los niños que no se necesita tanto como parece para vivir felices», comenta la granadina. De su boca no salen más que agradecimientos: «El domingo no teníamos donde comer. El panadero nos regaló una rosca de pan, y aún se me saltan las lágrimas». Lo peor de la ruta «fue el esfuerzo físico al que se sometieron los niños algunos días». Cuando Juan Pablo no quería caminar, «sus primos y su hermano lo motivaban, diciéndole que ya estábamos llegando. Todos dicen que estos niños no pueden hacerlo, pero la verdad es que los límites los ponemos nosotros. Cuando decidimos romperlos es cuando vienen las oportunidades», dice.

«Al llegar a Santiago se dieron cuenta de que el cansancio había valido la pena. Nos abrazamos, muy emocionados». Ya con un Camino hecho, «tenemos que hacerlos todos», sostiene Rocío.

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