El compostelano Pedro Castañón acaba de inscribir su nombre entre los campeones del calendario portugués de montaña
23 sep 2014 . Actualizado a las 17:08 h.El compostelano Pedro Castañón acaba de inscribir su nombre entre los campeones del calendario portugués de montaña. Y lo ha hecho contra viento y marea, porque a las estrecheces presupuestarias que en algún momento pusieron en riesgo su participación en más de una prueba se le fueron sumando dificultades de todo tipo y pelaje. Las ha sabido sortear con éxito. Y para completar el más difícil todavía, como en el circo, cabe precisar que afrontó cada prueba casi a ciegas, sin más conocimiento del trazado que el de los entrenamientos previos.
El curso empezó en A Penha. Fue segundo en la general (primero entre los vehículos de montaña), pese a correr sin embrague. En la siguiente cita, en Falperra, un fallo en la caja de cambios le obligó a abandonar en la primera manga. Son tres en cada subida, y computan los dos mejores resultados. Pero la organización suspendió la tercera, por la cantidad de accidentes en la jornada dominical, que propiciaron que se echase la noche encima.
En A Estrela, sin contingencias que lastrasen la carrera, acabó segundo. Y en las dos siguientes citas, Murça y Capital do Móvel, ganó con un vehículo prestado, ya que no pudo competir con su montura habitual.
En Caramulo se multiplicaron los problemas técnicos, sobre todo con la caja de cambios y el embrague. Aún así, hizo podio, con un tercer puesto. Y este fin de semana, de nuevo en A Penha, coronó una temporada de película con un triunfo que le da el título matemáticamente. De nuevo con suspense, porque un fallo en la transmisión le impidió tomar la salida el sábado. Su gran rival, Rui Ramalho, aprovechó la coyuntura para hacer un gran tiempo. Y Castañón rezó dos veces para el domingo: una, para que se solucionasen los problemas técnicos; la otra, para que cesasen las lluvias. El vehículo salió como un tiro, el asfalto se secó justo a tiempo y el piloto compostelano puso el resto. Fue un reloj.
A la hora de hacer retrospectiva, son muchas las satisfacciones a lo largo de la temporada, pero no duda en quedarse con la más reciente, la de la última prueba, porque el sábado pintaba muy feo. Y el domingo el panorama viró 180 grados.
Además, subraya un detalle de deportividad de los que ciertamente merecen bastante más que el reconocimiento. Su gran rival, Rui Ramalho, el único con opciones de discutirle el título, no dudó en ofrecerle su colaboración el sábado para que pudiese reparar a tiempo la barqueta.
Cuando Castañón se adentró en el universo del karting, con 16 años, ya de manera tardía, soñaba con la fórmula 1. Era una meta lejana y difícil a partes iguales, casi una utopía. Y más sin un talonario ilimitado que respaldase su quimera.
En los circuitos dejó constancia de su habilidad y su velocidad. Pero las limitaciones económicas le han obligado a cambiar los trazados cerrados por las pruebas de montaña: menos kilómetros, menos desgaste de las monturas y menos presupuesto. Aún así, cada incursión en las subidas del país vecino ha requerido unos 2.500 euros, apretando hasta el límite.
Futuro incierto
De momento, saborea el éxito de una temporada que ha superado sus expectativas más optimistas: «El objetivo era intentar rodar entre los primeros puestos, porque era una experiencia totalmente nueva».
De cara al futuro lo que más desea es seguir disfrutando de su pasión por el volante, a ser posible con cierta estabilidad, sin hacer de cada prueba un ejercicio de supervivencia, sin tener que vivir siempre con la calculadora en la mano. Y, desde ya, con galones de campeón.