«La esperanza es lo último que se pierde»

m.m. Santiago / la voz

SANTIAGO

Un grupo de 30 personas, entre las que hay varios hombres, participan en un curso de Cáritas que les permitirá acceder a trabajos en el servicio doméstico, en residencias de la tercera edad o en la restauración. En dos meses, los alumnos aprenderán desde cuestiones elementales para «hacer con éxito y sin sobresaltos la colada» hasta detalles de la «limpieza de una casa o preparar un menú nutritivo para la familia o para un mayor». La encargada de elogiar las «grandes posibilidades» de «mis chicos» es Emma González, su profesora. A diferencia de lo que era habitual hace unos años, «ahora la mitad son españoles y la otra mitad extranjeros», entre ellos retornados y nacionalizados.

Hipólito es uno de los hombres, retornado cubano, que está dispuesto a trabajar en la cocina y «donde haga falta». Victoria y Maribel tienen claro que «cualquier cosa, una residencia de mayores sería perfecto». Arlety Pérez, estudiante de Química en Cuba, se apuntó al curso con la «esperanza de encontrar un empleo», pero su verdadero sueño es «seguir estudiando» para lo que tendrán que conseguir la convalidación de sus estudios. Las historias de los 30 alumnos tienen un hilo común. Todos introducen la palabra «esperanza» en sus conversaciones. «Es lo último que se pierde», apunta Carlos Iglesias, que cobra 5 euros al día por pasear y cuidar a un hombre mayor. Nelson Godales, chófer de profesión, está abierto a «una oportunidad» en la restauración. Claudia, con un hijo de dos años y ocho de antigüedad en Santiago, se lamenta de que «ni siquiera salen cosas en precario».

Elena Domínguez tuvo su último empleo hace meses y fue un trabajo durante la temporada de verano en Corcubión y reconoce que «todo está mal, no hay nada; no llama nadie ni para unas horas». Débora Inocencio, que trabajo durante una larga temporada en una casa «todo el día de lunes a sábado por 400 euros» no pierde la sonrisa, pero confía «en que salga algo pronto». En el grupo, todos comparte la misma ilusión aunque sin perder de vista que «el futuro va a ser muy duro».