Los dueños de El Asesino ultiman la compra de todo el edificio a la Iglesia

Tamara Montero
tamara montero SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

El Arzobispado autorizó la venta por cerca de 1,2 millones de euros

12 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Era uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad, de hecho fue el primero que hubo en Santiago, y puede volver a abrir sus puertas. Los propietarios de El Asesino volverán a recuperar la esencia del establecimiento que inició su andadura en 1873 en el caso de que acabe por fructificar la oferta que han presentado para hacerse con el edificio ubicado en la plaza da Universidade.

Lo cierto es que Jose Fernández, que ahora regenta el Gonzaba en A Coruña, confirmó ayer que el acuerdo está prácticamente cerrado, pero todavía quedan algunos flecos. El bufete encargado de la operación también afirmó que la venta todavía no se ha cerrado porque ni hay escritura pública ni formalización de la transacción, pero lo cierto es que el último Boletín Diocesano, el correspondiente al mes de julio, publica la autorización por parte del Arzobispado de Santiago de la venta del inmueble por un montante total de 1,15 millones de euros.

Uno de los problemas que tiene el edificio es que está prácticamente en ruinas y de hecho, según explican los encargados de la operación inmobiliaria llegó a amenazar derribo. «Despierta interés pero la casa tiene problemas», comentan. Los andamios cubren las fachadas desde hace tiempo, pero las obras están paralizadas.

Y es que mientras estuvo activo el arrendamiento del local no se hicieron apenas inversiones para la conservación del edificio, lo que dejó maltrecha la estructura.

En el caso de que se cierre la venta, El Asesino mantendrá tanto el nombre como todos los elementos que lo hicieron tan famoso que por su mesa pasó desde Valle-Inclán hasta Federico García Lorca, Miguel de Unamuno e incluso Antonio Machado, entre otros muchos.

De taberna a restaurante

Durante sus primeros años de existencia, El Asesino era un lugar que daba vino a los estudiantes, que acabaron por reclamar otros servicios. Hacia 1877 el local comenzó a ser casa de comidas y como restaurante funcionó hasta hace un par de años.