Un miércoles «adomingado»

Las grandes superficies esquivaron la convocatoria en la periferia

Botes de humo y megáfonos fueron protagonistas durante la mañana.
Botes de humo y megáfonos fueron protagonistas durante la mañana.

santiago / la voz

Hay diferencias de matiz entre la jornada de huelga general de ayer en Santiago y la del pasado 29 de marzo. En marzo, aún no eran las doce de la noche y los piquetes ya estaban golpeando a las puertas de los bares del Franco, a voz en grito: «¡Son as doce, hai que pechar!». Hubo conflictos puntuales aquella vez; hubo enfrentamientos con el personal de Opencor, con el dueño del Alameda... Pero nada de eso ocurrió a las doce de la noche del 14-N.

Las persianas empezaron a caer poco antes de la hora bruja en la hostelería del Franco y prácticamente nadie -si acaso, un minúsculo grupo- se echó a la calle para presionar al cierre; era una calma chicha rara. Hacia la una y media ya no había nada abierto.

Y no fue hasta las cinco de la madrugada cuando aparecieron los verdaderos piquetes en el polígono del Tambre. A las 5.20 se concentraron frente a Mercagalicia. Pero había policía y los camiones que quisieron entrar en el recinto, pocos, pudieron hacerlo. En las horas siguientes, la actividad laboral apenas se incrementó. Buena prueba de ello era el escaso tráfico de entrada en lo que normalmente es hora punta. Una pequeña carga policial y un sindicalista detenido sobre las ocho es la única incidencia que dejó la mañana en el recinto industrial, donde el resto de la jornada no fue muy diferente a lo que puede ser un sábado adomingado.

A su hora abrieron las grandes superficies del extrarradio, como los diferentes establecimientos comerciales ubicados en Costa Vella (Leroy Merlin, Decathlon o Lidl); también los Mercadona de Santa Marta o Novo Milladoiro; y El Corte Inglés, donde un más que discreto piquete encontró nulo eco a sus pretensiones.

Quienes jugaron bastante al gato y al ratón con los piquetes durante el día fueron los hosteleros del Ensanche. Abrían, cerraban, volvían a abrir... alguno incluso corría las cortinas y apagaba la luz cuando escuchaba consignas en la calle. Y aunque la inmensa mayoría del comercio de la zona nueva cerró, fueron varios los que volvieron a abrir según la marea humana, enorme como pocas veces, se iba adentrando en el casco histórico. Los piquetes fracasaron intentando que cerrara la librería Follas Novas y tuvieron éxito -temporal- en supermercados y puestos de la Plaza de Abastos. El vandalismo se concentró en dos entidades bancarias de Fonte de Santo Antonio.

en directo jugando al gato y al ratón con los piquetes

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