Serafín Castro, el jefe de la UDEV, que ha dirigido las investigaciones, ha dado una rueda de prensa en Madrid en la que ha revelado las propiedades que tenía el principal sospechoso del robo del Códice y también se ha acercado de forma breve a su perfil.
Castro ha relatado que la vida de Fernández Castiñeria era muy monótona. Se trata de un hombre muy raro, que apenas hablaba con la gente. Acudía todos los días a la catedral a las 7 o siete y cuarto de la mañana y desde que la policía le vigilaba se colocaba siempre en el quicio de una puerta semiescondido. Iba a misa, después tomaba su café y se iba a casa. Por la tarde hacía lo mismo.
Las sospechas de que era el ladrón del Códice aumentaron cuando la policía supo que había intentado comprar un piso por valor de 300,000 euros, aunque la operación no llegó a realizarse.
Por otro lado, en varias conversaciones que los agentes tuvieron con el ex electricista, cuando le preguntaban «Manolo, ¿has sido tú?», se limitaba a agachar la cabeza sin decir sí o no. Pero aún más, en una ocasión, le dijeron «Manolo, a ver si van a quemar el Códice». A lo que contestó instintivamente «No, no está quemado». Prácticamente se había delatado.