En un contexto presupuestario tan restrictivo como el actual se impone la gestión de las pequeñas cosas
19 mar 2012 . Actualizado a las 07:07 h.El gobierno de una ciudad no se sostiene conjugando actuaciones en futuro indefinido ni pasando facturas de un pasado imperfecto. Al menos, no por mucho tiempo. En un contexto presupuestario tan restrictivo como el actual se impone la gestión de las pequeñas cosas, esas que sin requerir la inversión de millones de euros por proyecto, hacen más fácil la vida cotidiana de los ciudadanos: contribuyendo a cubrir sus necesidades más elementales en tiempos de grandes emergencias sociales, blindando los servicios públicos municipales, facilitando la actividad de los sectores empresariales que sostienen la economía local o manteniendo las infraestructuras de la ciudad a satisfacción de los vecinos. Abanderar grandes proyectos de muy largo plazo como el AVE al aeropuerto no puede distraer actuaciones menores del día a día de la ciudad que son responsabilidad exclusiva de sus gobernantes y que, a fin de cuentas, son las que van a dar la medida de la eficiencia de su gestión.
Pronto se cumplirá un año del cambio de rumbo político del Concello y pocos resultados concretos podrá presentar Conde Roa, en espera de que se materialicen varios proyectos de gran calado fruto de la colaboración público-privada, imprescindible para acometer inversiones en estos tiempos de agonía financiera. El golpe de efecto de la iniciativa de la intermodal en Lavacolla, con su preocupante reverso de la parálisis del proyecto del Hórreo, y el impacto en Compostela del debate autonómico sobre la fusión de municipios, han capitalizado la dialéctica de este período inicial. Y también los ajustes de cuentas: la puesta en orden de la economía municipal lastrada por una deuda que sitúa a Santiago al frente de las ciudades gallegas que recurren a la línea de crédito estatal para aliviar a los proveedores (13,1 millones de euros); y la revisión de actuaciones del anterior gobierno bipartito, desde la paralización de los suelos industriales de la zona norte hasta la investigación del posible fraude en las obras de reurbanización de varias calles de la ciudad, cuya calidad habría sido muy inferior a la establecida y pagada por contrato. Depurar las posibles responsabilidades es obligado, pero este afán puede quedar empañado a ojos de los ciudadanos que constatan como cada día que pasa empeora el estado de muchas vías del centro de la ciudad y tramos de los accesos, entregados al abandono o al parcheo. Y esa sí es una de las muchas preocupaciones cotidianas de los compostelanos que el gobierno local está obligado a atender.