El desamor turístico de Compostela

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

La crisis del sector turístico gallego ha forzado un insólito idilio, interesado pero idilio al fin, entre Vigo y A Coruña. La campaña impulsada por los hosteleros de ambas ciudades y apadrinada por la Xunta Vigo Ama A Coruña, A Coruña Ama Vigo, aparca viejas rivalidades -las futbolísticas no son las más ardientes- entre los gallegos del norte y del sur para arrimar el hombro en torno a un objetivo común. Esta declaración de amor, incluso si dejara rendimientos económicos escasos, se puede considerar ya un sonoro éxito porque tal eslogan es el cuchillo afilado que rasga el mito localista de las dos grandes ciudades que se dan la espalda. Entre ambas, Compostela contempla el romance como la novia a la que dan plantón a la puerta de la iglesia.

La primera industria compostelana alerta insistentemente desde los prolegómenos del último año santo: Galicia no aprovecha la potencia de sus principales marcas turísticas, Santiago y los Caminos de Santiago, como principal reclamo para vender la comunidad en el exterior. Recordarán aquella polémica campaña del Xacobeo, Agora é cando, Galicia é onde, luego rectificada, en el que no aparecía la ciudad Patrimonio de la Humanidad. Después hubo más desplantes, como el intento de primar la celebración de grandes congresos fuera de la capital gallega. Entre los más recientes, la práctica disolución de la meta del Primer Itinerario Cultural de Europa en el maremágnum del mapa de los geodestinos turísticos de Galicia.

Si en algo están de acuerdo, aunque no lo digan al unísono en alta voz los líderes de las tres fuerzas políticas en el Concello -el clima general de enfrentamiento entre gobierno y oposición no parece el marco propicio-, es en que toda promoción turística de Galicia en el exterior que no enarbole la bandera de Compostela y el Camino está abocada al fracaso. Por eso censuran la estrategia de la Xunta, que desprecia las más elementales normas de la mercadotecnia, e incluso Conde Roa busca alternativas.

El desplome del mercado turístico gallego el pasado año, con la caída del 12,1 % de las pernoctaciones en los hoteles frente al incremento del 4,3 % en el conjunto de España, difícilmente se puede explicar por la resaca del Xacobeo 2010. Algo está fallando en la promoción de un sector que en vez de ser motor anticrisis contribuye a agrandar las dramáticas cifras del paro: el 8,3 % de los empleos perdidos en Santiago el verano pasado y 21 hoteles y pensiones cerradas en enero de este año. ¿Hay amor más contrariado que el de Compostela?